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miércoles, 26 de julio de 2017

UN POEMA DE J.A. GONZÁLEZ IGLESIAS





ESCUCHO EL AGUA CLARA

                                          Para Víctor Herrero de Miguel

Escucho el agua clara
que desciende del monte tras la lluvia,
el gorjeo del pájaro
en la tarde
primaveral de octubre,
la respuesta
de cada cosa a cada cosa. Caen
hojas sobre la tierra como frutos.

No creo
que la niebla de ayer,
ni el sol de hoy,
ni esta lluvia de ahora,
este aroma sin precio
sean sólo para mí.


                       de “Confiado” Editorial Visor, 2015

sábado, 4 de junio de 2016

TRES POEMAS DE VICENTE GALLEGO



CANTO XIX

Y cuando ya se ha visto
que nos despierta el día, que la noche
trae pronto su descanso,
que repartir el pan de tanto gozo,
que son las estaciones una cosa
sencilla de pasar
-flores, hojas difuntas-,
qué vuelo el corazón, cómo ya todo
encuentra su lugar en estas manos
rendidas, estas manos
de llevarnos a bien con lo de hoy:
suavemente tomar
de la cesta cerezas, y encontrarnos
con la fruta pelada,
con que hay un mediodía en la justicia.



CANTO XXVI

A quién le cabe duda de que fueron
obedientes las aguas del Mar Rojo,
¿no se abren aquí
-y no es menos tremendo de creer-
los pétalos de grana de una rosa?



CANTO XXIX

Ha venido a dormirse
un cabello de sol sobre el cristal.

En el vaso, el clavel
¿qué hondura le ve al agua?

Todo esto es demasiado a todas luces.

¿No veis que va a llevarnos
a alguna perdición?

                                             de “Ser el canto” Visor.

sábado, 6 de febrero de 2016

UN POEMA DE JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS

  
 I


SEÑOR que me has perdido las gafas,
por qué no me las encuentras?
Me paso la vida buscándomelas
y tú siempre perdiéndomelas,
me has traído al mundo para esto,
para pasarme la vida buscando unas gafas,
que están siempre perdiéndoseme?
Para que aparezca este tonto
que está siempre perdiendo sus gafas,
porque tú eres, Señor, el que me las pierdes
y me haces ir por la vida a trompicones,
y nos das los ojos y nos pierdes las gafas,
y así vamos por el mundo con unas gafas
que nos pierdes y unos ojos que nos das,
dando trompicones, buscando unas gafas
que nos pierdes y unos ojos que no nos sirven.
Y no vemos, Señor, no vemos,
no vemos Señor.

                    De Objetos perdidos. Editorial Pre-Textos.

martes, 20 de octubre de 2015

TRES POEMAS DE PEDRO SEVILLA


ESCRIBIR ES SEMBRAR

LLEGABA por las tardes, al sol puesto,
y sin decirle nada me sentaba a su lado
porque junto a su pecho se esfumaba mi angustia
y también porque olía su ropa a sol y a lumbre,
a campo y a honradez.

Cuando el sol era ya sólo un recuerdo
volvía del trabajo con su eterno cigarro,
con sus blancas camisas jornaleras,
y mientras preparaba mi madre agua caliente
y él ponía en la radio las noticias,
yo me daba a pensar, a imaginármelo
esparciendo semilla entre los surcos
que luego el sol, el agua y la paciencia
mudarían en verde y en espigas,
en pan para las dulces meriendas de los niños.

Por eso ahora lo imito. Y por eso
ahora que soy mi padre
esparzo estas palabras
en el raro silencio de un cuaderno,
les pongo el corazón y espero que germinen:
que la escritura alcance madurez cereal
y que un día alguien pueda,
como un trozo de pan y de memoria,
hacer de estos poemas su alimento.



UNA FLOR EN TUS MANOS

CON la destreza milenaria
que gastáis las mujeres en los ritos
de la vida y la muerte,
has subido hace un rato a la azotea
para arreglar las flores,
maltrechas y ahogadas de hojas muertas
tras el penoso invierno.

Es abril y renacen los sentidos.
Todo es verdad ahora,
todo se ve y se huele,
 mientras tus manos mullen la tierra en las macetas
para sembrar como quien duerme a un niño,
como quien tapa a un muerto,
plantones de geranios, de endebles gitanillas,
de romero.

Luego, cuando terminas,
con las manos de tierra y el rostro iluminado,
preguntas si me gusta, y te sonrío.

Cómo no ha de gustarme, Josefa, si es lo mismo
lo que tú haces conmigo cada día,
lo que haces con mi alma…



BÚSQUEDA ETERNA

COMO se entra en los muslos que uno ama,
con turbación y miedo,
buscando salvación, placer, ternura,
consuelo, vida, muerte,

así he entrado en los libros,
abriendo, acariciando, desgarrando,
en busca de palabras sanadoras,
de signos, de senderos luminosos,

asaltándome siempre,
muy dentro del abrazo o el poema,

la misma pesadumbre,
el mismo hondo silencio.


    de “Serán ceniza”, Libros Canto y Cuento.

miércoles, 7 de octubre de 2015

TRES POEMAS DE VICENTE GALLEGO


CAMPOS DE GIRASOLES

                             A Sebastián Mondéjar

Con qué cuerpo de antorcha,
con qué desfachatez los girasoles
han hecho de los campos cosa suya.

Nunca fue sometido por las llamas,
en tan alta justicia gobernado,
un pedazo de tierra.

Ríndete, corazón,
que reina la belleza arrasadora.



TIERRA MOJADA

                        A Reinaldo Jiménez

Batidos por la lluvia,
los senderos del monte bajan llenos
de pulpa casi dulce.

Tierra carnal, bermeja, arrebolada,
cómo hueles así, que no se logra
decir a qué nos hueles, cuánta vida
se derrama en tu aroma, tierra nuestra
porque no eres de nadie y nos perfumas.



BIOGRAFÍA

Pasando aquí las noches,
a solas con el campo he terminado.

Enjuagando tomates
y oliéndoles la verde rama oscura.
Pelando mis patatas y poniéndolas
en trato de favor con unos ajos.

Y aún puedo permitirme
dar gracias con un tinto
que refresco con hielo y que me endulzo
con gajos de naranja y de limón.

Se diría que no he llegado lejos,
pero buscadme aquí,
perdido en la primicia de mi alma.


         de "Saber de grillos", Editorial Visor.


miércoles, 30 de septiembre de 2015

DOS POEMAS DE EUGÉNIO DE ANDRADE


 PLAZA DE MALÁ STRANA

AMO estas palomas, estos niños.
La eternidad no puede ser de otra manera:
palomas y niños haciendo
de la luz incomparable de la mañana
el lugar inocente del poema.



CASA EN LA LLUVIA

LA lluvia, otra vez la lluvia sobre los olivos.
No sé por qué ha vuelto esta tarde
si mi madre ya se ha ido,
ya no viene al balcón para verla caer,
ya no levanta los ojos de la costura
para preguntar: ¿Oyes?
Oigo, madre, es otra vez la lluvia,
la lluvia sobre tu rostro.


         de Blancura, Editorial Polibea

sábado, 26 de septiembre de 2015

TRES POEMAS DE JOSÉ MATEOS





LAS LÁGRIMAS DE AGOSTO

Quién no lo habrá soñado en esas noches
de turbia soledad, bajo el hechizo
terrible de una luna indiferente,

como en aquella noche de verano
lo soñé yo, con empañados ojos,
en un cuarto sin luz, lleno de libros,
pidiendo a un Dios ausente lo imposible:

una puerta al regreso, una salida.



CANCIÓN 5
                  (Diálogo en la oscuridad)
                                               
Todavía algunas noches,
padre mío, me despiertas
y me preguntas, temblando,
como a través de la niebla,
si ha de venir algún día
para ti la primavera.

-¿Es que no sabes que has muerto,
que donde estás no florece,
cuando es abril, la semilla,
aunque en el campo la entierres?

Y contestas: -"Hijo, ¿cómo
me hablas estando yo ausente?
¿A quién de los dos, entonces,
está engañando la muerte?”



PRIMAVERA EN EL AIRE

Creías que la niebla y el mal tiempo
no acabarían nunca, que en tu casa
no volvería a entrar la primavera.
Y esta mañana, mira:
un año más florecen los cerezos;
álamos y castaños tiemblan ya de hojas verdes;
el aire huele a juventud y a huerta;
y el río, antes dormido bajo el hielo,
vuelve a correr al sol, más limpia el agua.

Sólo el brochazo de esas nubes negras
parcelando la sombra, monte arriba,
te advierte que esta pausa termina en otro invierno.
Y aunque el frío y el mal tú los conoces,
inocente y feliz como el jilguero
que ahora recita versos de amor a un Dios extraño,
-escúchalo- también bajo otras nubes,
tu pobre corazón canta por dentro.

                            
         del libro “Reunión”. Editorial Comares
Para saber más del autor: http://josemateos.es/


martes, 8 de septiembre de 2015

UN POEMA DE MIGUEL D´ORS

INSECTOS

Qué cerca cada instante, qué mezclados
con nuestras vidas, y a la vez qué ajenos,
los insectos.
                 Las moscas machadianas,
inoportunas, tercas, en los ojos,
en la nariz del muerto; los mosquitos
que también participan a su modo
en las lunas de miel, las vacaciones,
las rupturas de muchos de nosotros;
las pulgas que en la ropa de Cervantes
compartieron con él el cautiverio;
la mariposa intrusa en un partido
histórico de fútbol —a ella nunca
la expulsarán del campo—; la carcoma
que roía la mesa en que Galdós
iba escribiendo su Misericordia;
las chinches que en las pútridas trincheras
del frente de Gandesa aquel agosto
del año 38 recibían
también el fuego de ametralladora;
la momentánea avispa que atraviesa
el caballete de Monet; el grillo
que ahora mismo entreteje su compás
con el compás humano de estos versos.

Qué cerca cada instante, qué mezclados
con nuestras vidas, y a la vez qué ajenos.
                                                20-IX-2010

  de Átomos y Galaxias, Renacimiento.

martes, 11 de agosto de 2015

VICENTE GALLEGO


AGOSTO EN SU CIMA


AGOSTO  está en su cima. El fósforo del sol rasca los montes. Las piedras crepitan a coro con las cigarras como carbón ardiendo. Duele la luz como si entrara por los ojos un estaño candente, y los oídos se consumen en su horno de laja. El cielo es tierra firme. La tierra se ha rajado el vientre, y se ve que le daban consistencia los pájaros del fondo. Tumbado bajo un olivo, sesteando en la hora vespertina, una espiga entre los dientes ha hecho un solo sentir de todo esto. Mi carne huele a ti y se sabe tuya, temperatura exacta del delirio.

De "Cuaderno de brotes". Editorial Pre-Textos.

martes, 4 de agosto de 2015

DOS POEMAS DE JOSÉ MATEOS

HIJO

¿PARA venir a este mundo
en qué otro mundo habrás muerto,
hijo? ¿Qué voces te arrastran
y quién te echará de menos
allí, donde nadie sabe
que estás aquí y eres nuestro?

¿Cuántos días, cuántas noches
vivirás, mi dios pequeño,
junto a nosotros, oculto
y reclamado por ellos?



CANCIÓN EN VOZ BAJA

EL día grita.
La noche calla.
Pero la tarde
me habla en voz baja:

cómo se mueven
contra la nada
del sauce blanco
sus tiernas ramas.


De "Cantos de vida y vuelta" Editorial Pre-Textos.

lunes, 20 de julio de 2015

UN POEMA DE JOSÉ MANUEL BENÍTEZ ARIZA



CONCIERTO


AHORA pulsa el canalón
y la nota metálica percute
en algún olvidado sentimiento de culpa.

Tan sólo yo la oigo.

Avanzo un paso más y me sorprende
un rumor de corriente subterránea.

(Una mano rasando un arpa.)

Y luego soy yo mismo el instrumento,
y suenan en mi espalda las notas en sordina
de un pizzicato tenue,

mientras la calle entera alza su canto unánime de río desbordado.

Me he cruzado con hombres embozados
que venían, quizá, de apalear a un mendigo
o de robar un banco.

A esa mujer la tela de la falda
se le ciñe a los muslos
como los pliegues de una túnica
al cuerpo de una estatua.

Mi deseo resbala entre las piernas.

La ciudad se deshace.

Como ropa mojada
pesan sus injusticias sobre mí.

Suena un redoble de tambor.

Y no me canso de escucharte,
ensimismada multiinstrumentista,
lluvia.

    De “Panorama y perfil”. Editorial Libros Canto y Cuento

martes, 7 de julio de 2015

TRES POEMAS DE JESÚS MONTIEL


VISITA AL MUSEO

Niños terrícolas del siglo treinta:

mirad lo que llamaban los antiguos un bosque.
Entonces las especies vegetales
brotaban a su antojo de la tierra,
se hermanaban formando laberintos
rebosantes de vida.
Los árboles crecían, se estiraban
como sueños borrachos de tormenta
y en sus copas el viento cantaba con el pájaro.

-la extrañeza les abre la boca y la mirada-

mirad lo azul que entonces era el cielo
-se escuchan expresiones de sorpresa-
la belleza del campo amanecido.
Observad las estrellas coronando la noche,
flotando como adornos navideños
de un altísimo abeto.

Mirad un hombre de hace nueve siglos
absorto en la visión de unas montañas.

-¿Qué fulge en su mirada? ¿Qué luz hay en sus ojos?-

Es lo que los antiguos llamaban el Asombro

      
de "Placer adámico". Servicio de publicaciones Universidad Complutense de Madrid.






MONÓLOGO DEL PARADO

        NO siembran ni cosechan
las jodidas palomas que se hartan
del maná que las mesas de los bares prodigan
-me alegra que esos niños
interrumpan su cena
                              detrás de una pelota-.

         No hilan ni trabajan esos lirios
que se ponen de agua hasta las cejas
revestidos de lluvia en los parterres,
ni tampoco los árboles que orillan la avenida
ni este horrible mosquito
que succiona mi sangre atribulada.

Yo que siembro los mapas de currículos
            y trenzo con angustia las hojas del futuro,

cruzadas las fronteras del Edén
no puedo tan siquiera someterme
al mandato divino
          de ganarme sudando el alimento.


                               de "Insectario". Ediciones Rialp. Adonáis. 







NOTICIA

AYER eras un hombre cotidiano.

Suponiendo la vida para siempre
el tiempo lo ocupabas
rumiando las facturas,
y escalabas las horas que se iban
-alpinista del tedio-
como el agua de un río que nunca desemboca.

Mas de pronto la vida te sacude
igual que puñetazo
cambiando la expresión adormecida
de tus días normales
                              por otra de sorpresa.

Te dicen que tu hijo tiene cáncer
y un hombre desigual
-recóndito hasta entonces-
ocupa tus jornadas preguntando tu rumbo.

Y empiezas a dudar del horizonte.

Descubres que en la niebla del futuro
se esconden las murallas
tramposas de la muerte.

     de "La puerta entornada". Editorial Libros Canto y Cuento.
     

jueves, 4 de junio de 2015

DOS POEMAS DE ANTONIO MORENO

ÁRBOLES

PORQUE tan de raíz lo han hecho cuerpo suyo,
amamos de los árboles lo mismo que ellos aman:

el silencio del sol y de la tierra
y el sonido del agua.



AUTORRETRATO EN UN TREN

NO hay nada personal en este almendro, todo florecido
junto al verdor oscuro de un naranjo y el sol de media tarde,
pero es como si en tal rincón se hallara lo que es más mío.

Miro el verdín que crece entre la luz húmeda de la tierra,
y el color de los frutos, y algunas diminutas flores blancas.
Y queda mi reflejo en el cristal mientras el tren se aleja.





sábado, 22 de noviembre de 2014

ANTONIO CABRERA



LUGAR DE RUISEÑORES

Está junto a una fuente. No es secreto.        
Un barranco con zarzas, con aliagas,
con rosales silvestres, con adelfas.    
Es un espacio donde el tiempo esculpe        
un bronce vegetal exacto y limpio.   
A ese lugar retornan por abril
los ruiseñores, y abren de inmediato 
en la floresta su diálogo nocturno     
sobre intactas verdades misteriosas, 
en un idioma lleno de razones          
que son un raro compromiso y son   
al mismo tiempo hipnosis y soberbia.           

No he vuelto a ese lugar. Lo guardé un día  
en el firme paisaje de mi mente        
donde el cielo pensado está cubriendo         
la misma luz difícil, el prodigio        
de la fidelidad que lo impalpable     
a veces establece con lo grávido,      
con lo real, con lo que el aire mueve.

Allí también puedo escuchar el canto,          
la conjetura ardiente que medito.
                                         
                                      de “En la estación perpetua” Visor


UNA POÉTICA

EN las flores de jara
he visto que se esmeran,
bajo el foco
de mayo,
insectos diminutos
cuya obsesión
conmueve.

Yo me acerco a mirarlos,
con fijeza también,
y entonces
parece que libara,
de silogismos como estambres,
pequeñas conclusiones.

Esos escarabajos ínfimos
se cubren
de abstracción.

Y quedan en la luz
minucias
de mis razonamientos.

De luz y de abstracción
está rodeado
todo.
                                      
                                     de “Piedras al agua” Tusquets


lunes, 17 de noviembre de 2014

DOS POEMAS DE ADOLFO GONZÁLEZ


LUNA LLENA

Tras esta la inicial estrofa del poema,
el lector alzará la vista al cielo
y mirará a la luna unos segundos
antes de proseguir con la lectura.

Ya en la segunda estrofa,
verá la luna llena del poema.

De inmediato
alzará la vista nuevamente
con la última estrofa:
acabará leyendo
la brillante palabra
del cielo.




¡CÚANTO TIEMPO!

Fue pasar del primer verso
al segundo
y ser otro
siendo el mismo.
                         Llevo siglos
por detrás de estas palabras
con el cuco que me sale de la boca y canta
ahora.

miércoles, 8 de octubre de 2014

JOSÉ LUIS PARRA


EL MISMO DIOS DE LO SERVIDO

   YA es suficiente recompensa
el poema en sí mismo.

No te envanezcan, pues, elogios,
tal vez inmerecidos,
ni te enfurezca crítica injusta o arbitraria.

Humilde y orgulloso, aplícate a tu oficio;
pon atención, entrega,
                                 y si sabes esperar
con la sabia paciencia con que esperan
los pocos elegidos,
seguro que algún día, el breve aleteo de la gracia
descienda sobre ti.

                            Verás agradecido,
de pronto aparecer entre la niebla,
Venecia fascinante, el edificio
resuelto del poema.

Poco importan, entonces, la pobreza
y el fracaso, el estigma de los vicios;
poco, la fama lisonjera.

Tu premio, el mismo dios de lo servido.
                                   de “Los dones suficientes” Pre-Textos



SENTIMIENTO OCEÁNICO
                                       A José Luis Martínez

   NUNCA estuve del mar
tan cerca
como en aquél crepúsculo desierto,
en una playa
donde sólo chillaban las gaviotas,
aquella tarde tan lejana,
era a principio de un otoño,
en que nadando
                       y sin saberlo
-el fragor de las olas, las gaviotas-
me iba adentrando
en el vientre tranquilo de mi madre.



MOMENTO ESTELAR DE UN ALCOHÓLICO
                                                    A Carles Santaemilia

SALIR como un proscrito:
cerrar, con toda suerte de cautelas
para no despertar a los que duermen,
el cerrojo; bajar
ese tramo húmedo y sombrío,
el más desamparado
de la escalera, y, tras abrir el portal, de repente,
sentir la primavera, el aura
incitante de marzo, y no muy lejos
el bar, sus luces encendidas, el barco
de socorro tocando sus sirenas,
las voces y las bromas
de los primeros albañiles, súbditos
de un rey de Babilonia,
tomando sus chupitos
y tal vez en la barra una hermosa
mujer desayunando…
                                     de “Inclinándome” Pre-Textos
                                    


jueves, 7 de agosto de 2014

POEMAS DE ANTONIO MORENO


CONTRA LAS HORAS

I

AL caminar concierto la armonía,
la proporción exacta de la esfera.
Escucho en los sembrados
el paso inadvertido de la tarde
acompasado al mío.
                            Me detengo
despacioso a mirar en torno, y pienso
en el saber fugaz y desprendido
de este momento, frente a los saberes
que otros dejaron en sus páginas.
¿Quién pretende fijar contra las horas
su certeza de nada?
¿Qué puede una quietud
frente al cambio incesante de este cielo?


II

AHORA que el tamaño del futuro
palidece, menguados los proyectos
y el falaz horizonte,
                            atalayado
en este punto de mi vida veo
con claridad certera la región
de tantos otros y sus viejas sendas.
Aquí los setos y el paisaje buscan
ser tan sólo un paisaje y unos setos:
el monte diluido tras las ramas
y la luz de la tarde sobre el muro.
En sucesión desde el pasado llegan
hasta aquí los engaños y sus ruinas,
aquellos vaticinios confundidos.
¿Qué cabría esperar para otro tiempo
sino este mismo instante?
                                     Nada busques
más allá que tu sombra sobre el muro,
sobre el muro y el seto de la tarde.
                                       
        de “Solar antiguo”, reunido en “Intervalo”, Editorial Comares



PÁRVULOS

EL patio de María Auxiliadora,
con sus arcos de medio punto y su orden
cerrado, como claustro de la infancia,
los cuentos de Offenbach, la alta palmera
en el rincón, aquellos azulejos
y la imagen risueña de la Virgen
que nos miraba con su niño en brazos.
La sombra en la capilla, los castigos
en el desván oscuro, la amenaza,
aquel miedo a escribir, aquel empeño
por no salir del trazo de palotes
y mi dibujo repetido, un faro
con su destello abriéndose en la noche,
y el alivio, por fin, de la salida,
mi madre bajo el sol, que me salvaba.

Restos sin ilación, esquirlas sueltas
de un cristal hecho añicos para siempre.
Qué claro veo ahora en mis palabras,
en todo cuanto he escrito, el mismo empeño,
aquel dibujo mío candoroso:
sentir la luz en medio de la noche.

          de “Metafísicas”, reunido en “Intervalo”, Editorial Comares



CASTAÑO

¿ES locura —o bien juicio recobrado—
detener el andar, pararse en medio
de la acera del día para hablarle
al árbol retoñado que se encuentra
delante de nosotros? Para hablarle
muy de cerca aunque mudos y por dentro,
sin musitar palabra, pero hablarle
como lo haríamos ante el amigo
bueno con quien estamos siempre a gusto.

Yo me detengo a veces de este modo.

Me pongo en un rincón, junto al lugar
que ya se había transformado en casa,
en seguro recinto de la vida,
y oigo el temblor de todas esas hojas
como un pueblo con una sola lengua;
escucho el agua de ese movimiento
que es libertad al tiempo que destino,
y en su verdor iluminado aprendo
a ser mejor y más el ser que quiero.

              de “Nombres del árbol”, Tusquets



UNA PIEDRA

COGE una piedra de un lugar querido.
Mientras caminas, llévala en la mano
como quien va cogido de otra mano,
porque es ella también la que te lleva.

Explora su relieve entre tus dedos,
cómo transmite su frescor umbrío
y su pequeña fuerza ahí, en tu palma.

No tiene más edad que tú esta piedra,
ni más ni menos ser que el tuyo ahora.
Siempre estuvo esperando a que pasaras:
para marchar contigo, y tú con ella.

                    de “El caudal”, Rialp.

miércoles, 12 de junio de 2013

EUGENIO MONTEJO



EL REZAGADO

Por estas calles ya pasó mi entierro
con sus patéticos discursos.
Liviano me llevaban
entre parientes desconocidos.

Una mujer al paso del cortejo
se detuvo a mirarlo
con insinuante azoramiento.
Supe después que era una sombra,
llevaba siglos bajo tierra.

Arriba, monologantes nubes,
acaso un lento avión en vuelo;
abajo, toses, ademanes
y lugares comunes.

Iba dormido e indeciso
en el último viaje.
Era mi despedida de este mundo,
la primera vez que me moría.

Hacia el fin de milenio,
de pronto quedé  fuera de grupo,
rezagado, contemplando los árboles.
El entierro, sin mí, prosiguió rumbo
por las penumbras suburbiales.
Lo voy siguiendo ahora desde lejos,
al paso de los años.            
                                   De "Partitura de la cigarra" Editorial Pre-Textos

lunes, 25 de febrero de 2013

JOSÉ MARÍA PIÑEIRO



III

Cada poeta es vigía de un territorio concreto del verbo,
de una sola palabra que se ramifica en otras, colindantes.

Cada poeta es vigía de una frecuencia específica de ecos,
de mundos que devienen,
del sueño que sueña las consumaciones y los comienzos.

Cada poeta es vigía del lenguaje,
de lo que acontece,
del navío quieto y proceloso que es la memoria,
vigía de su propio poema,
creador y vigilante de una metáfora única:
la que anima e irriga todos sus poemas.

Cada poeta define un mundo
sin instalar códigos
sino viendo como juegan los símbolos
en hemisferios dispares.

Cada poeta es vigía de la misma rosa
que se repite distinta.

             Fragmento III de la primera parte, “Explicatio”, de "Profano Demiurgo"



TORMENTA

Llover sobre el mar
es una extraña tautología.

Como una correspondencia
cuyos significados arcanos interrogáramos,
como la súbita escenografía
de un milagro bíblico,

llover sobre el mar
es una repetición enigmática,
una metamorfosis
anterior a las distribuciones del verbo,
un origen previo a todo origen.

Contemplamos la tormenta
desde nuestra tibia atalaya.

Mi rostro fosforece junto al tuyo
mientras observamos, fascinados y confusos,
este espectáculo mitológico
del agua devolviendo el agua.

                  De la tercera  parte, “Itinerarios”, de "Profano Demiurgo"


EL ORDEN LIBRE

Busco el libro que contenga las leyes secretas de la analogía,
el códice que guarde los mágicos pentagramas
de las asimetría y las convergencias;

el manuscrito en el que palpite el pulmón de la lluvia,
la espiral de los meteoros,
los estratos del tiempo;

el volumen que diga el porqué de las eras,
la razón de la pasiones,
que explique la duración de lo eterno,
el destino de los sueños.

Venturas de la teoría este sueño lúcido
de creer en lo que la palabra guarda y promete.

                          De “Margen Harmónico” Fundación Cultural Miguel Hernández


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lunes, 20 de agosto de 2012

EUGENIO MONTEJO





ESCRITURA


Alguna vez escribiré con piedras,
midiendo cada una de mis frases
por su peso, volumen, movimiento.
Estoy cansado de palabras.

No más lápiz: andamios, teodolitos,
la desnudez solar del sentimiento
tatuando en lo profundo de las rocas
su música secreta.

Dibujaré con líneas de guijarros
mi nombre, la historia de mi casa
y la memoria de aquel río
que va pasando siempre y se demora
entre mis venas como sabio arquitecto.

Con piedra viva escribiré mi canto
en arcos, puentes, dólmenes, columnas,
frente a la soledad del horizonte,
como un mapa que se abra ante los ojos
de los viajeros que no regresan nunca.




LA POESÍA


La poesía cruza la tierra sola,
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide
ni siquiera palabras.

Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero tan intenso que el corazón palpita
demasiado veloz. Y despertamos.