martes, 10 de abril de 2012

ROBERTO JUARROZ


  

POEMA 38

Menos que el circo ajado de tus sueños
y que el signo ya roto entre tus manos.
Menos que el lomo absorto de tus libros
y que el libro escondido
de páginas en blanco.
Menos que los amores que tuviste
y que el tizne que alarga los amores.
Menos que el dios que alguna vez fue ausencia
y hoy ni siquiera es ausencia.
Menos que el cielo que no tiene estrellas,
menos que el canto que perdió la música,
menos que el hombre que vendió su hambre,
menos que el ojo seco de los muertos,
menos que el humo que olvidó su aire.

Y ya en la zona del más puro menos
colocar todavía un signo menos
y empezar hacia atrás a unir de nuevo
la primera palabra,
a unir su forma de contacto oscuro,
su forma anterior a sus letras,
la vértebra inicial del verbo oblicuo
donde se funda el tiempo transparente
del firme aprendizaje de la nada.
Y tener buen cuidado
de no errar otra vez el camino
y aprender nuevamente
la farsa de ser algo.

                               De Roberto Juarroz: “Poesía Vertical V”

lunes, 2 de abril de 2012

YO Y EL OTRO

                                                             Foto de Jan Saudek



-UNO
Uno:
Yo decido subir al pico más alto. Como enseres dispongo llevarme una cantimplora, un paraguas por si llueve, o hace demasiado sol, un jersey reversible, ambas caras del color del paisaje, dos cerillas, por precaución, una brújula que me regalaron cuando me perdí la última vez. En el último momento concluyo llevarme una manzana cuyas semillas sembraré, para dejar testimonio.

Dos:
Él no sabe que está subiendo una montaña sin pico, plana, cuya cima ningún ser vivo ha conseguido tronar. Allí, el oxígeno fue respirado hace mucho.

-DOS
Uno:
Yo de joven fui rebelde. Un par de veces me negué, como acto supremo de esa rebeldía, a llamarme igual que mi padre aunque más tarde fui convencido. Ahora parece que la edad me ha hecho más conformista y suelo asentir a todo.

Dos:
Él, que con trece años se negó a llamarse igual que su padre, ahora viéndolo agonizar, le ofrece la mano y le susurra al oído que el nieto también tiene la mancha y en el mismo sitio.

-TRES
Uno:
Yo, recién levantado, suelo coger un lápiz no muy grueso, manía de escritor, y antes del café escribo los posos que voy encontrando de los sueños que he tenido. Habitualmente escribo menos de tres palabras y seguramente alguna es pura invención, utilizada como relleno. Hoy recuerdo perfectamente la palabra vacío.

Dos:
Él no sabe que no tiene vida interior. Se dará cuenta cuando el lápiz con el que pretende inmortalizarse se convierta en brasa y queme el papel.

-CUATRO
Uno:
Yo salgo de un supermercado y, como en las películas, choco con la mujer de mi vida. Eso lo sé al mirarle las pupilas y ver reflejadas en ellas la marca de la misma pasta de dientes que yo utilizo. Le ayudo a recoger las cosas y al llegar a la pasta ella levanta la mirada como buscando a alguien.

Dos:
Él viene a ayudar a su mujer, que ve agachada junto a un desconocido. Recogen todo y se van sin percatarse de que les falta un producto de la compra. Tampoco saben que en sus biografías acaba de aparecer un nuevo personaje.

-CINCO
Uno:
Yo vivo en lo alto de un árbol. Bajo sólo a comer bayas que recojo en noches de luna menguante. Ahora mismo estoy en el suelo y aunque noto cierto vértigo sigo llenando los bolsillos del alimento que me mantendrá vivo otro nuevo ciclo.

Dos:
Él se encuentra en la  misma oficina desde hace cuarenta años. Mira con el rabillo del ojo al resto de compañeros y espera que se levanten pues ya es la hora del almuerzo. No quiere decirles que no tiene hambre. Se nota hinchado. Tanta baya indigesta.


-SEIS
Uno:
Yo me veo andando en la nieve. Es jueves y es de noche. El día anterior sufrí una amputación de un brazo. No era el de escribir. Seguramente meteré el muñón en el frío, así intentaré parar la sangre.

Dos:
Él sueña con subir al Everest cada noche, y sufre. El ascenso se consuma en el momento de abrir los ojos. En ese momento, la falta de oxígeno es evidente.

-SIETE
Uno:
Yo sé que estás ahí. Aunque no quieres que te vea sé que en cualquier momento encenderás la vela que te preparé en la ventana. Te siento cada noche cuando el viento entra en la habitación. Te creo muy cercana. Lo suficiente para no tener la necesidad de soñarte.

Dos:
Él no duerme. Desde que ella se fue, no duerme. Tampoco encuentra el momento de apagar la luz. Él sabe que demasiada oscuridad le quita posibilidades. A pesar de que junto a la vela nunca ha dejado una cerilla.


-OCHO
Uno:
Yo tengo sueño, pero sé que si duermo posiblemente no despierte nunca. Decido arriesgarme aunque me propongo un periodo transitorio de prueba.

Dos:
Él ya se encuentra dormido y está soñando. Aunque se nota más liviano echa en falta el peso de sus decisiones. Mientras, se conforma con soñar y ser el otro.

martes, 13 de marzo de 2012

UN POEMA DOBLE

                                         Foto de Masao Yamamoto

                           I

Todos somos la parte de una pieza.
La parte del saber es una pieza.
También la parte del estar.
O la mano, o el ojo
que son las piezas de uno mismo.

En la parte exterior,
de la exterior del universo
recogen esas piezas fragmentadas,
que son el cúmulo de un polvo aún vivo,
y con ellas construyen otro mundo
igual y semejante al otro,
pero sin lo minúsculo del yo:
ese aura que no ocupa que es el alma,
ese lugar que no es de nadie,
que no es lugar.
Aunque haya letras que lo nombren.
Aunque esas letras lo pronuncien.
Y no se entienda lo que cuentan.


                         II

Todo es parte de una parte.
Cualquier poema es parte fragmentada
de un todo que es la parte de otro sitio.
También un verso es parte necesaria
donde las letras forman la parte de la imagen.
Incluso el punto que antecede al fin
es parte decidida de la historia.

También cualquier idea que nos venga.
Y hasta cualquier idea que perdamos.
Incluso el no tener ninguna idea
es parte de uno mismo.

Y así, con tanta parte
se irá formando un todo,
donde estará lo visto y lo invisible,
donde estará lo vivo y lo yacente,
donde el sonido esté en silencio
o el silencio retumbe en su vacío.

Todo es parte de todo.
Pues ¿qué es sino el pasado?
¿No tendremos allí algún trozo nuestro?
¿O no es hacer preguntas
la parte ineludible que nos falta?

¿No es el hueco la parte necesaria
para llenar lo que antecede al cuerpo?

martes, 6 de marzo de 2012

MARIAN RAMÉNTOL


MUCHO MÁS TARDE, AMANECE

Reconocernos las manos
después de que el cielo se haya ido,
ver su afonía entre el alambre de los dedos
sentir su peso cantándole una nana
a la mancha azulona que duerme bajo las uñas,
mientras nos descalzamos de todo lo que somos
y vemos morir nuestra memoria
colgada de los árboles.

Ser paloma bajo la sombra de los coches
y poner la mañana en boca de los ciegos,
la palabra en la nuca del poema y olvidarlo,
por un momento, por un solo instante,
perder las alas, sentir la rabia de estar quieto,
y aceptar que
mucho, mucho más tarde, amanece.

De “Los muñecos diabólicos de mi caja de pájaros” Diputación de Córdoba


DE VENTA EXCLUSIVA PARA LOCOS SIN FECHA DE CADUCIDAD

En la farmacia de guardia, en la periferia de mi vida,
justo en el cruce donde los poemas se desnudan de interrogantes,
he encontrado el último frasco de analgésicos para idiotas,
de venta exclusiva para locos sin fecha de caducidad
-pone en la etiqueta-

Pastillas de colores
para desordenar el ritmo cardiaco de mis manos
que siguen sin poder dormir, a pesar del sueño.

Me he quedado quieta en un rincón de tu afonía,
preguntándole al cansancio de los labios si existe la meta,
si vale la pena seguir esperando a que el sudor
aprenda a maquillarle las arrugas al silencio,
reconocer los poros,
irme de fiesta con el único sonido que me queda,
a pesar de que ande pidiendo a gritos la jubilación anticipada,
 o si por el contrario,
es mejor negociar con los ocres
un contrato blindado de matón barriobajero
para acabar con la policromía de los besos.

Demasiado vulgar para las palomas
que ya no le prestan el pico a los campanarios, y se juegan
el blanco de las alas en una partida a los chinos.
Mejor cambio de color
y me invento una nueva textura para el suicidio.

Dicen que ahora el verde está de oferta.

De “Hay un área de descanso un poco más debajo de mi vientre” Ediciones Atenas

Para saber más: Marian Raméntol

miércoles, 29 de febrero de 2012

JUAN CARLOS MESTRE



Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.

Un poema de Lèdo Ivo es una luciérnaga que busca una moneda perdida. Cada moneda perdida es una golondrina de espaldas posada sobre la luz de un pararrayos. Dentro de un pararrayos hay un bullicio de abejas prehistóricas alrededor de una sandía. En Cavalo Morto las sandías son mujeres semidormidas que tienen en medio del corazón el ruido de un manojo de llaves.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.

Lèdo Ivo es un hombre viejo que vive en Brasil y sale en las antologías con cara de loco. En Cavalo Morto los locos tienen alas de mosca y vuelven a guardar en su caja las cerillas quemadas como si fuesen palabras rozadas por el resplandor de otro mundo. Otro mundo es el fondo de un vaso, un lugar donde lo recto tiene forma de herradura y hay una sola calle forrada con tela de gabardina.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.

Un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo es un río que madruga para ir a fabricar el agua de las lágrimas, pequeñas mentiras de lluvia heridas por una púa de acacia. En Cavalo Morto los aviones atan con cintas de vapor el cielo como si las nubes fuesen un regalo de Navidad y los felices y los infelices suben directamente a los hipódromos eternos por la escalerilla del anillador de gaviotas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.

Un poema de Lèdo Ivo es el amante de un reloj de sol que abandona de puntillas los hostales de la mañana siguiente. La mañana siguiente es lo que iban a decirse aquellos que nunca llegaron a encontrarse, los que aún así se amaron y salen del brazo con la brisa del anochecer a celebrar el cumpleaños de los árboles y escriben partituras con el timbre de las bicicletas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.

Lèdo Ivo es una escuela llena de pinzones y un timonel que canta en el platillo de leche. Lèdo Ivo es un enfermero que venda las olas y enciende con su beso las bombillas de los barcos. En Cavalo Morto todas las cosas perfectas pertenecen a otro, como pertenece la tuerca de las estrellas marinas al saqueador de las cabezas sonámbulas y el cartero de las rosas del domingo a la coronita de luz de las empleadas domésticas.

Cavalo Morto es un lugar que existe en un poema de Lèdo Ivo.

En Cavalo Morto cuando muere un caballo se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere un evangelista se llama a Lèdo Ivo para que lo resucite, cuando muere Lèdo Ivo llaman al sastre de las mariposas para que lo resucite. Háganme caso, los recuerdos hermosos son fugaces como las ardillas, cada amor que termina es un cementerio de abrazos y Cavalo Morto es un lugar que no existe.


Para saber más: Juan Carlos Mestre

martes, 28 de febrero de 2012

UN POEMA ESCASO

Antes que yo
pero antes que tú
nosotros
aunque antes serían ellos
incluso antes que vosotros
y antes mucho antes
él.

martes, 21 de febrero de 2012

ELENA ROMÁN


CUATRO

Cae la tarde y una niña que persigue a un gorrión cae de rodillas, y su llanto bizarro y penosísimo cae rodando cuesta abajo deteniéndose en los portales, y cae enfermo el aire llenando la vicisitud de microbios, y cae un trozo de cal de una pared para siempre, y cae una cubeta de efusión travestida de agua sucia, y cae en la red una red y el tiempo en la cuenta y retrocede, y cae una semilla de paz en la boca del lobo, y caen los ánimos y un poema debe de estar al caer, también.

De “Veintiún bisontes”  La bella Varsovia

RELOJ DE ARENA

Me he quedado atrapada en la cavidad formada
por la unión de dos triángulos por sus vértices,
dibujando un ocho puntiagudo.
Lo último que recuerdo es un chicle.
Nado en la arena, pero voy siendo
arrastrada hacia el triángulo de abajo,
consumida por las arrugas,
demasiado esquelética.
Y desfallezco, pero entonces
una gran mano con dos alianzas
le da la vuelta a mi estancia
y me encuentro en el triángulo de arriba,
recién nacida, sufriendo por primera vez.

De “Ocho paradas en la arena” Fundación María del Villar

martes, 14 de febrero de 2012

UN POEMA SUELTO

                                                Fotografía de José María Piñeiro

 
Soñar que la hoja que cayó
volverá a su árbol algún día.
Igual que el agua que se fue
y ahora es copo.
Igual que el copo que se irá
antes de hacerse líquido.

Para que el tiempo aguante su hora
y el infinito esté más cerca.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Accidents Polipoétics



Pillado de Sopa de Poetes

martes, 31 de enero de 2012

IMAGINARIUM

                                  Poema visual de José María Piñeiro

Entre el final de una palabra
y el comienzo de la que sigue
queda un espacio que es de nadie.
Como un hueco, sin más, donde no hay nada.

Igual que un mar al encogerse
que va dejando conchas vacías como prueba.
O un soplo de aire respirado
que deja un tiempo a que se forme el otro.
O el hilo resistente de un collar
donde una bola enhebra a la siguiente,
y así mantiene su continuación.

Esa zona que queda oscura,
                                          que no se ve,
que está vacía en apariencia,
es la fibra, la cuerda que recoge
como un gancho, el mensaje oculto
que permanece fuera de la frase.

Estar en esa parte del espacio,
ese medio sin aire y sin perímetro,
sin poder agarrarse a nada sólido,
es volver a un lugar que conocemos.
Aunque no se recuerde si hay salida.

Aunque,
estar en el final o en el comienzo,
en algo o en la nada,
es lo de menos, siempre que un lugar
nos lleve al otro más callado.

Aunque el camino sea todo un hueco.
Aunque ni eso siquiera sea.

martes, 24 de enero de 2012

OTRO POEMA SIN TÍTULO APARENTE

                                      Foto de Maia Flore


Preparar la hoja y escribir lentamente.
Al rato cierto leer lo que ha quedado.

Si leemos la palabra vida
se ha de parar y abrir una ventana:
veremos que una rama nueva nace,
también que viene un niño a saludar.
Se verá un pájaro perder su presa,
y si se mira bien
sabremos ver la misma cosa
mirando al exterior o al interior,
mirando hacia fuera o desde fuera,
estando la ventana abierta
o sólo abierta la mirada.

Si se lee la palabra muerte
se debería de seguir leyendo,
hasta dar con la letra que se esconde
o el signo que la acorta.
Toda palabra neutra viene
para igualar al oponente,
hasta llegar
al estadio anterior a algún lenguaje,
como un silencio que nos suena
o ese rayo que avisa
antes de oírse su desgaste.

Pero si nada queda en la hoja,
si no hay palabra escrita
después del gesto de escritura,
es que supuestamente la hoja vino tarde.
O que en el aire se hizo el gesto.
O que nunca hubo gesto ni hoja.
O que algo quedó escrito pero
                                             en otra lengua.

miércoles, 18 de enero de 2012

DIEZ MANOS PARA UNA SOLA

martes, 17 de enero de 2012

UN POEMA TONTO

Cuando quiero decir,
                                no digo.
Pues, así, sin haberlo dicho
es como si dijera
lo que por no decir, me callo.

El no decir ya dice.
Por eso nunca digo cuando digo,
pues no hay necesidad de que se diga
lo que, sin duda, no se dijo nunca.

¿Para qué necesariamente oídos?
¿Para qué necesariamente voz?
¿Para qué repetir lo mismo siempre?

Si, al fin y al cabo
decir, lo que es decir, ya dije.

Y si no fuera así, que no dijera,
ahora está dicho.
                          Digo…

martes, 3 de enero de 2012

SUEÑOS

                    Fotomontaje de Juan Bautista Morán

Apaciguar el sueño
sobrellevado en la deriva.
Descansar en el brazo que me acoge
en la rutina de su compostura.
Apartar esa arruga que me aprieta
el lado inédito del lóbulo.
Borrar alguna página
donde quedó escondida la apariencia,
y redactar algún recuerdo nuevo
en papel fino de calcar.
Aunque, eso sí, olvidarme
de los lápices masticados
y esas gomas que sólo quitan,
que disimulan, que se olvidan
de adecentar el hueco que dejó la traza.
Saborear el color de la acuarela
sin olvidar el dorso, a manos llenas,
si eso es posible,
y hacer, después, burbujas llamativas,
aunque no antes de la hora de la siesta.
Mirar esas burbujas: cómo
se quedan en vestigio, en evidencia.
Dejar que hibernen las libélulas,
ya saldrán, ya,
en el espacio cóncavo del nudo.
Buscar siempre la parte blanda
del interior de un verbo desgastado.
Notar el vértigo
de la curva que aloja un precipicio
y que se expanda el cosquilleo.
Hacer humo del último cigarro,
consumida la furia de la piedra. 

Con su peso, se cierre el párpado.

                                                                   Publicado AQUÍ

jueves, 15 de diciembre de 2011

POEMA SIN TÍTULO APARENTE

                                             Foto de Masao Yamamoto
 
No es menester saber de dios
para entender a dios.

Cuando la rama sigue conectada a su tronco,
o ese pájaro que la vive encima.
O cuando un niño al pájaro señala
y se acerca a la rama que lo acoge.
O esa madre que busca al niño
y sólo ve una rama sustentada
esperando el apoyo de otro pájaro.

Hay tantas formas de entender a dios.

Cuando un coche se acerca demasiado
al inocente cuerpo de esa madre
que antes buscaba al hijo por la rama
y ahora es quieto fragmento en el asfalto.

No es menester saber
que esa madre se acopla, al fin, al hijo.
Que el hijo está subido al pájaro
que un día descansó en la rama,
fragmentada del centro de una parte,
donde el tronco es origen de otro origen,
que se desgaja,
                       y vuela.

Y vuela el hijo, y vuela el tronco
que es madre de la rama, y vuela el pájaro.

Y no ese único dios, sin alas,
                                         que vive solo.