martes, 1 de enero de 2019

POEMA

                                                       Foto de un servidor


EL JILGUERO


¿CUÁNTO pesa ese cuerpo diminuto
que al arrancar el vuelo ni se advierte?
Ni vibra el aire ni la rama comba.

¿Qué pájaro contiene en su interior
que tanto es su quehacer, saltando, yendo
de rama en rama y, a la par, viniendo,
dejando tras de sí su propio canto?

Ahora detenido lo retengo.
Lo observo. Entonces me regala un trino.
Mirándolo parece tan sincero.

No juzga, solo cumple.

Intuyo que no opina ni entiende de palabras.
¿Si sabe que es feliz? Es que no lo necesita.

Para qué tanto pensamiento
si apenas con un silbo
que el viento apresa y trae
el día se completa y todo encaja.

domingo, 30 de diciembre de 2018

POEMA DE VICENTE GALLEGO




CAFÉ DEL TIEMPO
                               A Matilde Barrado Pérez
BESABAN el mantel
unas gotas de vino.

Sobre el plato de loza,
cortados en rodajas,
los limones siguieron
oliendo, no sabían
que hubiera que morir.

Entró un rayo de luz,
vi las manchas del tiempo
en las manos lavadas
de mi madre.

Detrás, en la vitrina,
esa cristalería
que pellizqué de niño
y se quedó vibrando.

  
    de “Ramas de perejil” Libros Canto y Cuento, 2018

jueves, 20 de diciembre de 2018

POEMA DE NAVIDAD

                                                           Foto de un servidor


MEMORIA SOSTENIDA

ESTE belén que miro no es el mismo
que aquel que en mi memoria aún perdura.  

Aquel belén de antaño
tenía un río del color de plata
que, manso, recorría
un paisaje con nieve poliespán.
                                                                                                  
Partía de la nada hacia la nada.

Era en sus quietas aguas, remansadas,
donde iban a beber los animales.
En ellas las familias hacendosas
cumplían sus labores: lavaban los tejidos,
bañaban con esmero a las criaturas
que, con su chapoteo,
convertían en fiesta este quehacer.

Era todo belleza natural.

Siguiendo el aluminio, más arriba,
la montaña se abría a lo divino:
aquello que no ves pero que sientes,
que sabes que está vivo, que notas muy adentro.
Dejabas que el misterio entrara en ti.
Y una cueva vestida
con esa luz que el alma enciende
surgía ante tus ojos,
y en ella te adentrabas con sigilo.
¡Qué feliz era tu alma en aquella oscuridad!

Al fin, esa mirada subía por la senda
y toda tu inocencia quedaba liberada
contemplando aquel faro, escuchando sus palabras,
sintiendo su canción que es más bien salmo:
el fulgor de la estrella omnipotente.

Cuánta dedicación a aquel símbolo de amor,
de paz, de redención.
                                Todo era un pálpito.

En tu memoria queda aquella estrella
purísima, de fieltro recortado,
señalando el destino, iluminándolo.

De este belén que miro ahora,
¿qué queda de su luz, de su esplendor?
¿Por qué recuerdo aún aquello tanto?
¿Qué ha sido de aquel niño repleto de deseos
inalcanzables, de olvidados sueños?

lunes, 26 de noviembre de 2018

DOS POEMAS DE SUSANA BENET




TU MANO ENTRE LAS FLORES
                                                                    A Miguel d´Ors

CON cuánto mimo
cultivabas tus flores, mientras yo
te observaba de lejos moverte entre las dalias,
los lirios, los claveles,
enderezando brotes con gesto maternal.

No recuerda mi piel haber sentido
un roce tan tierno de tu mano,
ese temor a herir con que posabas
tus vigorosos dedos
en la frágil tersura de los pétalos.


RECOGIMIENTO
                                                                   A José Mateos

SIN culpa me recreo
en el dulce abandono. Ya la casa
ordenada y sobre el aire la luz
ociosa de la tarde.

Sin prisa el viento sopla,
sin urgencia resuelvo mis tareas
y no ansío el vaivén loco del mundo,
el febril ajetreo, la charla omnipresente.

Que me secuestre el sueño,
que no requiero más que sus cuidados,
pues sólo al buen reposo lo acompaña
el íntimo deleite de rozar
la muerte con la vida.


                 de “Don de la noche” Editorial Pre-Textos, 2018

viernes, 23 de noviembre de 2018

DIOS EN LA POESÍA ACTUAL (Antología)




DIOS DE LO PEQUEÑO

SEÑOR de las galaxias más remotas,
las que no tienen nombre,
las que apenas existen;
TÚ que gobiernas las Enanas Blancas
y las Supergigantes;
Tú que forjaste el asteroide oscuro
capaz de destruirnos con un roce;
Tú que detonas cada Supernova;
Tú que amontonas Agujeros Negros
en las pupilas ciegas de este Cosmos,
¿por qué esta margarita?

(Inédito)
DANIEL COTTA



TRAS LA COMIDA

NO sé nada,
pero si Dios existe,
si se encuentra en algún lugar
es aquí, en este cuarto
al que entra el sol poniente
unos minutos antes de ocultarse.

Dios sobre la caoba
del mueble iluminado,
en el verde trasluz
de las macetas que hay en la ventana,
en esas manos jóvenes
que sirven el azúcar,
metido en la madera, ya madera,
y en ese pelo oscuro
junto a una piel muy blanca.

Si es que existe un lugar
o un tiempo para Dios,
es justo aquí,
es justo ahora cuando lo contemplo.

No sé nada.
Ni por qué escribo esa palabra, “Dios”
para hablar de una dicha
con algo del dolor que nos asalta
en el momento de la despedida.

Polvareda, 2003
ANTONIO MORENO



VIEJAS HISTORIAS

AQUELLOS episodios de la Historia Sagrada
que de pequeño oía en el colegio
y que en casa, más tarde, repasaba despacio
me fascinaban siempre. Llenaban de hermosura,
de muy fuertes y opuestas emociones
-y quizá de algo más, de algo sin muerte-,
al niño retraído y soñador
que en mi ser habitaba. Qué intenso y sugestivo
el universo elemental y exótico
en el que transcurrían. Allí supe
del dolor y el amor, de sangre y fuego,
de plagas y diluvios y guerras y milagros,
de justicia implacable y de misericordia.
Luego, ¿dónde se fueron las vívidas estampas
que en mi alma bullían? Poco a poco
el tiempo fue empujándolas a ciertos arrabales
últimos del recuerdo (que son ya casi olvido).
Y muchos, muchos años, otros rumbos anduve.
En ocasiones, ahora, retirado en mi cuarto,
leo y releo la Biblia buscando no sé qué,
buscando, por instinto, agua de vida.
Y reencuentro en sus páginas los relatos que brotan
–tan frescos como entonces, tan dulces, tan terribles–
del fondo más remoto de mí mismo.
De nuevo me consuelan, me espantan, me subyugan.
Por los viejos caminos pedregosos
de Judea y Samaria, bajo un sol de leyenda,
o en la ribera azul del mar de Tiberíades,
los ojos de aquel niño que yo fui
se cruzan con los ojos de Jesús cuando pasa.

Antes del nombre, 2013
ELOY SÁNCHEZ ROSILLO


de “Dios en la poesía actual”. Ediciones Rialp, 2018
Edición de José Julio Cabanillas y Carmelo Guillén Acosta.  

miércoles, 21 de noviembre de 2018

POEMA

                                                 Foto de Elena Bellido


EL FARO


ENCUENTRO destacable el intervalo.
Con cortos parpadeos se presenta,
se deja ver, de pronto oscureciéndose
retorna su no ser, a no ser nada,
y vuelve a aparecer repetitivamente
derramando su colcha de luz nítida
a los pies de este mar que prende entonces.

En noches con la luna tenue
destaca su presencia y me pregunto
si el guiño que no cesa es un lenguaje,
si tengo facultad para entenderlo.

Me fijo en esa gesta intermitente,
su concisa armonía que hipnotiza.

En su misterio dudo y reflexiono:
comprendo que la noche y que la luz
son parte de la vida, son lo mismo;
la vida completada con la muerte
que es luz también y a su manera late.

Palpita en su no ser el faro
y con su ser me guía
                               por este mar incierto.

martes, 13 de noviembre de 2018

POEMA DE JOSÉ JULIO CABANILLAS




ÁRBOL

CUANDO yo era un arbusto, el aire
me soplaba al oído canciones de muy lejos.
Me rozaba la frente.
Yo estaba allí, en el bosque, entre padres y abuelos
de alturas formidables, con sus ramas nudosas
acariciando el sol, bebiéndolo a hojas llenas.
Una nube pasaba.
Un pájaro ponía el corazón en la garganta.
Pasaban niñas, y reían.
Pasaban mariposas y eran oro.
De pronto fui un árbol. Qué verde gravedad
de savia entre las hojas que, en el aire, temblaban o reían
con los ojos de un hombre enamorado.
No muy lejos oí pasos de hierro, gritos,
voces de pedernal en el filo de un labio.
Y se alzó el brillo agrio de un hacha en mano fuerte.
La savia, acostumbrada a vivir en mi adentro,
vio el sol y desmayó. Yo desmayé, caído.
Me arrancaron del suelo, me talaron las ramas,
menos dos, las más grandes. Me quemaron la copa
de hojas transparentes, hijas del arco iris.
Me arrastraron a voces hasta un monte pelado.
Había gente. Olía a sangre, y un perrillo
pasaba entre las túnicas severas
de unos hombres hirsutos con ojos imposibles.
Luego, en lo poco que de mí quedaba,
clavaron -yerro y sangre-
lo poco que quedaba de aquel hombre.

   
   de “Poemas descalzos”, Libros Canto y Cuento, 2016


viernes, 9 de noviembre de 2018

POEMA DE CARMELO GUILLÉN ACOSTA





AMOR COMO UNA URGENCIA
                 
   QUÉ hermoso tú que existas
para decir te quiero cuando me viene en ganas.
Así sencillamente: te quiero.
                                          La vida será siempre
nuestro retorno inmenso, el mar donde abrazamos
la dicha sin permiso. Donde sólo tu beso podía
comprenderme.
   Ahora te recuerdo, quiero decir te quiero
para olvidar la muerte. Apenas si conservo de ti
tu inexistencia: tus ojos esperados como una
carta urgente, como un dolor urgente…
¡Qué hermoso hacerte ser cual eres como entonces!,
como cuando dejabas tu cuerpo libremente
de norte a sur, de oeste a este ¡entera
geografía! y recogía mi olvido tu memoria
y hacía tu aliento cuanto había borrado.
   Qué hermoso era el principio y del principio
tú nada más y el mundo era contigo.
   Quiero creerte ahora. Creerte eterna
y casta para poder amarte de todas las maneras.

   A pesar del dolor, a pesar de la muerte
y el gozo que me queda, hoy no sé más de mí
que tu vida. Que descubrirme amado por las cosas.
   Tú hiciste del amor el crucigrama
donde se unían los seres y el recuerdo:
el último recuerdo que todavía es presencia.
   Tú desataste el día, la palabra, lo
conjugaste todo como un soplo que Dios
dejó en tu pulso y me lo diste.
   Por eso te creé sobre el dolor dichoso de la muerte
como un río sereno que abrazo y que no agoto.
         Y tú tenías razón,
valía la pena el llanto, valía la pena amar
aunque fuera esta vida. Creer que nada puede
morir si existe amado.

                                 Con la alegría tuya
quisiera tener la humildad de decir que
   Te quiero.


      de “Envés del existir”, 1977. Ediciones Rialp

domingo, 28 de octubre de 2018

POEMA DE MARÍA DOLORES GALÁN



UN MUNDO DE COLORES

AHORA parece un mundo en blanco y negro.

Para mí, sin embargo, fue un mundo de colores
en el que estaban todos mis hermanos.

Las meriendas, los juegos en la calle,
los cuentos que mi padre nos contaba,
los sábados de cine y, en verano,
los castillos de arena…

Pero, al crecer,
                         el dado del parchís
nos ha ido separando.


   de “Una estrella en el bolsillo” Libros Canto y Cuento, 2108

lunes, 15 de octubre de 2018

POEMA

                                                    Foto de un servidor


LA MANO                                         


¿Qué mano que en su forma más secreta
aquí se ofrece, cierta, constatada?

Qué divina labor la de esa mano
que con firmeza me ata a este paisaje.

¿Qué sagrada ventura, qué designio,
le hace velar por quien se ampara en ella?

¿De quién será esa mano tan recóndita
que no quiere dotarse de lo físico?

Qué sensación más placentera siento.

Mirando más allá del horizonte
la mano la percibo. Se presenta.
Me agarra firmemente protegiéndome.         

En la distancia asiste silenciosa
y complace mi mudo llamamiento.




sábado, 8 de septiembre de 2018

POEMA DE ARTURO TENDERO




RELATIVIDAD

Es de noche y desde este mirador
contemplo la ciudad como un rosario
de estrellas incapaces
de remontar el cielo. En una de ellas,
la pálida ventana de la 630,
mi padre está muriéndose.
Desde aquí es imposible distinguir
su luz entre las luces
que alguien diría hermosas
como una pira funeraria.
Contemplo hipnotizado cómo arde
y al mismo tiempo estoy con él, ahí,
haciéndome a la idea,
apurando su llama, reteniéndola
sin querer y queriendo en la memoria.
Aunque ya no sucede en primer plano,
no deja de ocurrir ese recuerdo:
Pregunta ¿Y para qué? Y yo le respondo:
Vivamos este ahora.
Su luz, como una estrella que murió,
y sin embargo vemos aún brillar,
sigue parpadeando todavía,
a sideral distancia, en estos versos.

     
      de “El otro ser” Ediciones de La Isla de Siltolá”, 2018


viernes, 31 de agosto de 2018

POEMA DE MARIO MÍGUEZ




ASTROS

EN el punto más alto de la noche
tendido cara al cielo del verano
aquí, sobre la hierba fría,
bajo el inmenso cuerpo
de este cielo desnudo de sus ropas de luz
que al fin muestra, bellísimas,
las incontables luces de su piel,

cómo me tiemblan ávidos los ojos, desbordados
de esa hermosura virgen que no conoce número,
sin poder abarcar cada mirada
nada más que una parte, pero siempre excesiva,
y cómo defendiéndose mi mente
para no enloquecer crea constelaciones
fingiendo dar un orden al vértigo de estrellas.

Astros, astros: sin límites, sin fondo.
Qué embriaguez de destellos, de mínimos fulgores.
Qué intensa sugestión de infinitud…
Lo sé: ni en esencia ni en cifra
puede haber infinito en esos astros;
ellos únicamente
con majestad señalan lo infinito
y hacia su puerta avanzan, sin jamás alcanzarla,
y tan sólo el espacio, como glorioso arquero,
dispara con sus flechas más allá del umbral
a un blanco que ignoramos.

Astros: misteriosas esferas
de fuego, y misteriosas
esferas frías. Astros: plenitud de lo intacto,
y lo único visible cuya imagen
es silencio perfecto.
¿Qué cosa entre las cosas que enmudecen
y en todo cuanto vemos callado en nuestro mundo
sería jamás capaz de igualarlo?
¿Y no es este silencio el que podría
conducirnos más allá de nosotros,
ya sin lugar, sin centro, sin angustiada búsqueda,
hacia un estado puro, verdadero, posible?

Sí, yo deseo más,
deseo más aún,
más astros, más espacio,
quiero todos los astros en mis ojos, en mí,
quiero todo el espacio sin límites, sin fondo:
deseo ir hacia él
y alcanzarlo, ganarlo, conquistarlo
definitivamente…

                            Y de súbito el cielo
adquiere en mí la forma del terror:
detiene el corazón por un instante.
Yo sé que mi terror puede medir
lo que mide mi vida. ¿Qué sucede?
¿Cómo es que ahora el cielo de la noche
iguala la medida de mi vida?
Me hace daño. Está hiriéndome.
Apenas soy capaz de sostener
una sola mirada…

Pero entonces percibo con claridad mi error:
pues todo lo indecible,
aquello que en su signo sobrehumano
nos es ajeno incalculablemente,
se comporta de un modo
distinto por completo a aquel que espera
seguro de sí mismo nuestro espíritu.
En vano es querer ir hacia ese espacio,
porque él está viniendo
sin pausa alguna, siempre, hacia nosotros;
pero sólo en quietud
si aceptamos humildes nuestro límite
podemos recibirlo.

Derrotado, me entrego. Sólo debo esperar…

Y ya en sosiego siento
cómo hacia mí se inclina el rostro de la noche
y su boca intangible cede aliento a mi boca.
De otro modo mi pulso estallaría,
el exceso de espacio podría destrozarme,
el cielo en ese instante me habría destruido.

No fue así. Ahora somos uno:
ya serena la noche
circula libre y lenta por mi sangre.


         de “Difícil es el alba” Editorial Renacimiento, 2018



sábado, 18 de agosto de 2018

POEMA DE ANDRÉS TRAPIELLO




CANTURREANDO

SI fuese a suceder como lo he visto,
será un día benigno, aunque la víspera
habrá llovido tanto, que la azada
hallará su camino buenamente
propalando un perfume delicado
de hierba por el aire,
y el más dulzón olor de la lombriz de tierra
a modo de guirnalda y bienvenida
descansará en mi pecho, y ojalá sea leve,
porque querrá mi corazón tener
sus propios pensamientos
recordando los días que con lombriz cebaba
mis anzuelos de niño
y deseaba que el tiempo del verano,
e igual el de la vida, no se hiciera tan corto.
Me hará gracia pensarlo justo entonces,
ya sin Tiempo ni caña. Ayer estuvo
todo el día lloviendo, mas el cielo
volvió a darnos su más sereno azul
y un crepúsculo, a modo de vitral,
engastado en las ramas más negras de los pinos.
Así sucederá también entonces,
si es cierto que el deseo engendra lo real.
Preguntadlo, si no, a esos mismos pájaros
que intentan hacer todo, hasta dormir,
canturreando,
igual que yo ese día con un poco de suerte.


                     de “Y” Editorial Pre-Textos, 2018


lunes, 23 de julio de 2018

POEMA

                                                   Foto de un servidor



EL MELOCOTONERO

¿CÓMO es posible que algo tan humilde,
una semilla sin apenas pulpa,
plantada en el sustrato del jardín
y mimada durante tantos años,
exuberante surja y nos lo muestre?

En su fertilidad el árbol clama
continuo ofrecimiento. Se regala.

¡Cuánto agradecimiento en sus frutos exhibidos!

El melocotonero
en su misterio envuelto nos muestra la esperanza:
la trascendencia del alumbramiento.
En sus ramas dobladas por la carga
de tanto fruto calentado al sol,
es donde se evidencia la certeza,
su escondido secreto.

Es la razón de ser de la simiente,
gozoso germen, satisfecho anhelo;
fruta en su álgido punto,
que en su celebración es cosechada.

domingo, 3 de junio de 2018

UN POEMA DE PIEDAD BONNETT





AQUÍ GOLPEABA airadamente el padre sobre la mesa
causando un temblor de cristales, una zozobra en la sopa,
volcaba el jarro de su autoridad aprendida, de sus miedos,
de su ternura incapaz de balbuceos.
Adelantaba su dedo acusador y el silencio
era como una puerta obstinada que defendía a los niños del llanto.
Aquí sólo hay ahora una mesa de cedro, unos taburetes,
un modesto frutero que alguien hizo
con doméstico afán.
¿Dónde los niños,
dónde el padre y la madre arrulladora?
La tarde esplendorosa asoma añil y roja detrás de los vitrales.
Y pareciera que tanta paz, tanto silencio pesaroso,
fuera el golpe de Dios sobre la mesa.

  de “El hilo de los días” Frailejón Editores, 2014