miércoles, 13 de noviembre de 2019

POEMA DE DÉBORAH GARCÍA


NATURALMENTE

SIN aspavientos,
sin reclamar la admiración de nadie
sobre el oscuro océano tiene el aire sus vastos territorios.
Tranquilamente habita donde habitan mis sueños.
El negro mar que impone y apasiona;
el nocturno, el profundo,
el negro intenso mar reside en la distancia.
En mis sueños amables y en los temibles sueños
viajo a las aguas mansas, hondas, predecibles,
rondo los infinitos abismos del delirio…
Y acariciando el agua que para mí es quimera
el aire viene y va
sin aspavientos.

     de “Te doy el mar” Ediciones Rialp, 2019

sábado, 2 de noviembre de 2019

EN LA REVISTA SIBILA




MEMORIA SOSTENIDA       

DE aquella exuberante buganvilla
que ardía como el fuego del verano,
no queda apenas nada,
solo unos retorcidos troncos secos
que emergen de la tierra del jardín.

No resistió el invierno.

De aquella buganvilla tan florida
que me alegraba siempre el día al verla
tan solo su recuerdo se sostiene.

Tal vez los tallos muertos
escondan la inocencia de algún brote
capaz de amanecer por primavera.

Tal vez la tierra yerma        
persiga la raíz y la alimente.

Qué grata es la belleza, y cuánto calma.

¿Qué afán tendrá si no es atesorar                                        
en la memoria aquella buganvilla?



NADA                                                                  

EL agua toda de este mar inmenso;
toda la arena de esta larga playa;
esa espuma que trae la ola encima,
incluso todos los guijarros juntos
sin menoscabo alguno de color;
nada son comparados,
si en la comparación prima el esfuerzo,
con este pájaro amistoso y tímido.
Qué fuerza y qué tesón compendia el pájaro
que con su pico escarba entre la arena
y no recoge nada, y otra vez
escarba y no recoge.

Recuerda al que esto escribe:
inútilmente el lápiz picotea
pero es más lista la poesía esquiva.

Hermanados el lápiz con el pico;
el pájaro conmigo en la insistencia;
el vuelo con el verso, y ambos yéndose.



SINGULARIDAD DEL FUEGO

BENDITO fuego renovándose.

En su humareda encuentro la armonía
necesaria, la dulce placidez
contemplativa. En ella me despojo.

De la madera escucho su lamento,
la poca vanidad con la que prende;
escucho el declinar de las cenizas                                                                  
que, inertes, van cayendo, acumulándose;
su poca vanidad, ya derrotadas;
escucho las paredes cómo crujen
al recibir la ofrenda del calor,
cómo se parapetan en sí mismas,
se abren hasta el extremo, dilatándose,
hasta quemar de amor la chimenea.

Bendita calentura regalada.

La silla me recoge, y en ella me sostengo.
Entonces, estos pensamientos míos
se van licuando junto a la resina
quemada, a las volutas muertas.                                                                    



LA ORQUIDEA                    

CONSIGUE con paciencia que la abeja
cumpla y la polinice,
la cubra con su cuerpo refulgente.

Con tanta vibración vierten las patas
la remanente que la vida vela:
sencillamente la genética.

Dichoso insecto que a otra flor derrama
ese inconmensurable instante etéreo.

Cuánto alborozo que esta vida ofrece
en su eterna labranza,
en su labor secreta.

Qué abrazo más sincero:
dos seres encontrados en clara rendición,
sintonizados en su amoroso ofrecimiento.






sábado, 26 de octubre de 2019

POEMA

                                                   Vídeo de un servidor


JILGUERO

QUISE escribirte un verso,
y cuando fui a hacerlo
vas y desapareces.

¿Hacia dónde te has ido?

¿Qué has querido decirme
con tu tímido gesto?

¿Qué pasó con tu canto?
¿Con mis versos qué hiciste?



del libro inédito "Todo es cielo"

miércoles, 23 de octubre de 2019

POEMA DE RAÚL RIVERO



DÉCIMA Y LLUVIA

Un hombre enfermo y huraño
Ha puesto todo su empeño
Para verse año tras año
Dueño del país y dueño
Del amor, el odio, el sueño.

¡Qué individuo más extraño!
¿Qué pasión por el rebaño!
¡Cuán fruncido lleva el ceño!
¡Qué látigos y qué leños!
¡Seguro nos hace daño!

de “Recuerdos olvidados”, Hiperión, 2003

jueves, 19 de septiembre de 2019

POEMA

                                                    Foto de un servidor



LA ESPIGA                                         

ES que es tan poca cosa.
Buscadla, encontradla si podéis.

Mirad cómo cimbrea con el viento.
Le puede la humedad de la mañana.
Y, cuando amarillea por el sol,
cruje, mas nunca de ella saldrá queja.

Acostumbra a crecer en las cunetas
mas siempre pasa desapercibida.

¿Por qué es ninguneada?
Apenas se distingue. La pisamos
con la mayor de las indiferencias.

Pasamos por su lado y ni la vemos.
Mejor. Así, discreta, crece plácida.



lunes, 9 de septiembre de 2019

DOS POEMAS DE JOSÉ MATEOS




COMETA EN TRAFALGAR

TAMBIÉN, como tú,
a veces quisiera
ser sólo en el aire
un trozo de tela,
un trapo que el viento
sacude y eleva.

Y seguir atado,
como tú, cometa,
sólo por un hilo
muy fino a la tierra.



12 / 18

TODO termina así:
                           unos destellos
de memoria que caen hacia lo hondo
y el cuerpo como un traje envejecido
que casi da vergüenza.

No insistas, corazón,
                              inútilmente:
nunca
maldeciré la vida.


de “Un sí menor”. Editorial Pre-Textos, 2019.

miércoles, 10 de julio de 2019

TRES POEMAS DE VICENTE GALLEGO



LA PÁGINA

Estáis las dos ahí,
en la terraza, justo
donde no rige el tiempo,
bajo una luz de hilo,
entre las hojas verdes
y los renuevos rojos.

Esa mujer, la niña
dejándose peinar,
las manos blancas
sobre el caudal oscuro,
el sol allí pasmado,
el aire entre las hebras
detenido, la página
escribiéndose,
conteniendo el aliento.



SABOR

En la pila, los verdes
de la lechuga fresca,
los tomates, tus manos
metidas hasta el fondo
en agua y sol.

¿Qué tiene esta cocina,
que es pequeña y es fea?

Tiene una gran ventana,
tiene una galería
muy del gusto de pájaros,
quién sabe qué amistades
con la luz, el poniente,
ropa blanca tendida
luna adentro.

Tiene que tú la llenas
de pimienta y sal.



MILANOS REALES

Iba la carretera
arrastrando el pincel
por toda la llanura.

Vimos balas en orden,
laderas de molinos,
plantaciones de mies
entintadas de cuervos.

Detuvimos el coche
bajo un árbol añoso,
el aliento del día
se nos hizo presente:
ese fondo despierto
donde zumba la abeja,
y se quiebra una caña.

Sobre campos de trilla,
de amarillo rastrojo,
dibujaban el círculo
del vuelo dos milanos.

Se recogió la tarde
en su ovillo de oro.


      de “A pájaros y migas” Editorial Visor, 2019

sábado, 18 de mayo de 2019

POEMA DE MARIO QUINTANA


AULA INAUGURAL

Verdad que en la Ilíada no había tantos héroes
         como en la guerra del Paraguay…,
pero hablaban muy bien
y todos sus gestos tenían el ritmo de un ballet
por la cadencia de los metros homéricos.
Fuera del ritmo, sólo hay perdición.
Fuera de la poesía, no hay salvación.
La poesía es danza y la danza es alegría.
Baila, pues, tu desesperación, baila
tu miseria, tus arrebatos,
tus júbilos
y,
aunque temas inmensamente a Dios,
baila, como David, ante el Arca de la Alianza:
baila delante de tu fosa.
Teje coronas de rimas…
Mientras el poema no termina
la rima es como una esperanza
que eternamente se renueva.
Una canción, una simple canción, es una luz dentro
       de la noche.
(Lo saben todas las almas perdidas.)
Un canto solemne es una antorcha entre tinieblas.
(Lo saben todas las almas perdidas.)
Baila encantado encantador de monstruos,
vencedor de las esfinges,
baila, poeta,
y bajo el aéreo, el implacable, el irresistible
        ritmo de tus pies
deja rugir al Caos atónito.

       de “Intenta olvidarme” (Antología poética). Selección, versión y prólogo de Enrique García-Máiquez. Ediciones Rialp, 2018.

martes, 30 de abril de 2019

DOS POEMAS DE MARIO MÍGUEZ




DESCONSUELO


OH Dios, ¿por qué a mí, el solo, el solitario,
me arrastras de continuo a esta tristeza
con que todas las cosas en mi entorno
lloran mudas, y usando mi alma ordenas
que digan su dolor mediante el mío?...
Oh Dios, al menos dame resistencia...
¿Por qué se duelen siempre en mí las cosas
sin yo poder dolerme nunca en ellas?...



EL MILAGRO DEL VIEJO MANUEL

YA están definitivamente quietas:
hoy se fueron enfriando entre las mías
y no hubo nadie más para estrecharlas.
Qué milagro tan tierno en sus caricias.
Porque aquellas dos manos delicadas,
las temblorosas manos del anciano
que era huérfano y pobre desde niño,
y se crió con hambre y abandono
y vivió el desamparo de las lágrimas,
esas manos cansadas ya y enfermas,
transmitían lo más inesperado:
ofrecían el más puro cariño,
el necesario y limpio amor que siempre
le fue negado a él desde la infancia.



     de “Casi es noche”. Editorial Pre-Textos, 2019





sábado, 13 de abril de 2019

DOS POEMAS DE MARCELA DUQUE




EN UN ESPEJO

MIRA esos tulipanes.
No sé tú,
pero los miro y quiero ser mejor persona.

¿Por qué si son pedantes, presumidos?
Levantan sus narices por los aires.
No bajan la mirada para nada.

Míralos, míralos
qué altos y qué esbeltos,
rectos como quisiera hacer mi vida.

Pero qué pose antinatural.
¿Cuándo has visto un tallo tan erguido?

Quizá se empinan, sí, pero hacia el cielo
y mira lo vivaz de sus colores
cómo llenan los caminos de alegría.

Qué despliegue de pigmentos tan pomposo,
Su derroche es tal que escandaliza.

Si es así, entonces, que así sea.
Que mi vida escandalice a los apáticos.



DON Y OFICIO

ES bueno que se te resistan las palabras,
que no sean acuarela sino mármol,
obra de cantería.
Que tengas que percutirlas con escodas,
esperar a escuchar el ritmo en tus oídos
y volver, con más empeño, a dar el golpe.
Que sientas el rigor de trabajar
en las entrañas recónditas
del universo,
donde yace la pieza que deseas.
Tu trabajo es, entonces, desbastar, pulir, lijar
hasta que el roce con la piedra
te abra heridas.
Cuando tengas que empezar el acabado,
la finura de los últimos detalles,
recordarás que también con un buril
se grabaron las primeras formas de escritura.
Es bueno que te canses,
que se te oponga tozuda la materia
y a veces sufras
la monotonía de labrar en vano.
Así cuando el poema, ligero, emprenda el vuelo
y lo veas palpitar, sabrás que en él
está presente un soplo que no vino
de la sola pericia de tus manos.


       de “Bello es el riesgo” Ediciones Rialp, 2019


miércoles, 10 de abril de 2019

POEMA DE ANTONIO MANILLA




MANZANO

Por el techo fantasma de la casa
se cuela el firmamento. El viento enfila
escaleras, pasillos: su susurro
de navaja apresura el canto del mochuelo.

La luna se demora en las estancias
que fueron comunales, encendiendo
un reguero de vida en los objetos,
metales oxidados por la lluvia
que penden de unos clavos que no venció la edad.

El suelo de madera está podrido y cruje
a cada leve avance, por las luces vacías
penetra muy intenso el olor de un manzano
que alguien plantó hace mucho y respira invisible
con las ramas dobladas por los frutos.

Un día ese frutal,
cuando no estés ya tú, continuará
aligerando con su aroma el mundo,
enfrentando a la grave noche el leve
imperio de hermosura
de cuanto existe opuesto contra el tiempo.

Sobrevivió a los hombres, perdurará a los muros
y dará fe de vida, entre ortigas y polvo,
más allá de tu ruina,
de que una vez aquí se alzó esta casa
piedra a piedra erigida por los tuyos.


      de “Suavemente ribera”, Editorial Visor, 2019


domingo, 7 de abril de 2019

DOS POEMAS DE ÁLVARO VALVERDE



FUENTE DE LOS ALISOS

DE todos los milagros, el del agua
-dijo alguien-,
una humilde verdad que se repite
ante el flujo incesante
de esta fuente escondida
entre alisos y zarzas
donde cesa el verano
esta tarde de agosto.


OVAS

ESAS algas de agua
que aquí llamamos ovas
también estrenan verde
ahora en primavera.

Un tono tan intenso
como el de todas las hojas,
que debajo del agua
cobra un matiz precioso.

Bailan en la corriente,
las observo moviéndose
y esa danza ondulada
me recuerda que antes,
hace apenas dos meses,
eran sombras apenas
bajo el curso del río.

Han resistido, vencen
a crecidas, a rápidos,
a la cruel turbulencia
del caudal en invierno.

Son un ejemplo, duran,
fueron nada y son todo
esta tarde de mayo
en que esplenden al sol
mientras paso a su lado.


      de “El cuarto del siroco”, Tusquets, 2018

sábado, 9 de marzo de 2019

POEMA DE JOSÉ MANUEL ARANGO


HIMNO AL SOL


Porque sí porque aún no apareces por sobre el filo de la montaña
y ya los pájaros te saludan ya sus gargantas
qué algarabía se han desentumecido
y la escarcha que agravaba las hojas del arbusto comienza a desleírse
y ya brillan con destellos de plata las telarañas del rocío

Aquí vengo temprano en la madrugada
a darte mi saludo vengo porque sí con mi perro
traigo todavía la botella en la mano
mi perro y yo venimos a alabarte entre el alboroto de los pájaros
ya mis amigos se durmieron pero yo esperé que albearas para venir a verte
niño niño sol y aquí me tienes sentado en esta piedra

La neblina se abre una mirla cruza una flecha de fina punta
amarilla como si llevara un brillo tuyo en el pico
y ahora sí asomas por sobre el filo negro de la sierra
y de las rocas del asfalto de la carretera se alza un vapor blanco
montañas que una tras otra van oscureciendo puertos
que despiertan uno tras otro has venido has venido

Ahora la culebra en el arenal te alaba desenroscándose
mostrando para nadie para ti su dorso
y en el caballete del tejado un gallinazo te recibe con las alas abiertas
y todo se desentumece se hace tibio se hincha
la tierra mi escroto que tu rayo toca cuando separo las rodillas

Los filósofos dicen que no eres un dios
dicen que no eres más que una piedra ardiente un globo de fuego
que no eres tú quien engendra y hace brotar la vida en el pantano
ni crías el oro en la veta del recoveco de la montaña
Pero yo te saludo como a un dios
porque sé que eres tú y nadie más que tú abuelo sol
quien ahora mismo está engendrando en el aire los bichos
y haciendo nacer la gusanera en la podre del lodo
y engendrando las pepitas de oro en el recoveco de la roca

Como eres tú quien saca los seres y las formas de la noche de la nada de la noche
y urdes la fantasmagoría de las cosas y creas de la oscuridad los colores
tocas con tu luz la hoja del drago y la hoja enrojece
y a tu roce la hierba verdea y la espiga del maíz amarillea
ahora que tu rayo oblicuo dora a lo lejos la neblina
ahora en esta hora en que todo es azul y dorado

Porque sí porque yo sé que el oro de la espiga es tuyo
y que la alabanza de los pájaros es para ti siempre sol
de los pájaros que ya desde el alba comenzaron su algarabía
porque eso es lo primero que tu calor desentumece
las gargantas las lenguas de los pájaros

Eres sobre todo semejante a un dios por tu indiferencia
alumbras por igual a la víctima y al victimario
y no distingues entre el enemigo y el amigo
ni entre el enemigo del amigo y el amigo del enemigo
haces crecer el tronco recto de la palma y el tortuoso del terebinto
y brillas igual sobre las cúpulas doradas de las catedrales
y sobre la miseria de los leprocomios

Por eso pongo la botella entre los muslos y extiendo los brazos
como el gallinazo del caballete del tejado abre las alas para alabarte
mi perro se alebresta se levanta de un salto comienza a ladrarme
y hasta me parece que los pájaros me silban sus burlas
Porque sí porque haces madurar la fruta verdibermeja del mango
y podrir todo sol la carroña de la comadreja
fermentas el vino y haces agriar la leche
al oso que sale de invernar en países de nieve
le calientas el escroto para que busca a la hembra
y aquí mismo ante mis ojos tocas la flor diminuta del diente-de-león
y la florecita amarilla comienza a abrirse

Porque si los gusanos se alegran se menean en el pantano y te saludan
y en el monte los monos saltarines te alaban con sus piruetas
cómo no he de alabarte yo que tengo entendimiento
cómo no he de arrodillarme en esta piedra para hacerte zalemas
aunque los pájaros burlonamente me silben
aunque me ladre alebrestado mi perro

de “Poesía completa. José Manuel Arango” Edición y prólogo de Francisco José Cruz. Biblioteca Sibila. Fundación BBVA de Poesía en Español, 2009

sábado, 9 de febrero de 2019

TRES POEMAS DE JANE KENYON



LA PERA

HAY un momento en la madurez
en que te aburres, encolerizado
por tu mente mediocre,
aterrorizado.

Ese día el sol
deslumbrante te quema
y te hace sentir más desolado.

Pasa sutilmente como cuando una pera
se pudre de dentro afuera
y tú tal vez no lo adviertes
hasta que es demasiado tarde.



GALLETA

EL perro ha limpiado su cuenco
y su recompensa es una galleta
que yo pongo en su boca
como un sacerdote ofrece la hostia.

¡No puedo soportar esa cara confiada!
Él pide pan, espera
pan y yo con mi poder
podría haberle dado una piedra.



ABRIGOS

LE vi salir del hospital
con un abrigo de mujer sobre el brazo.
Evidentemente ella no lo iba ya a necesitar.
Las gafas de sol que llevaba no podían
ocultar su cara húmeda y su desconcierto.

Como una burla el día era brillante
y suave el aire para ser diciembre. Aun así
se subió la cremallera de su abrigo y se ató
la capucha bajo la barbilla, preparándose
para un frío irremediable.

de “De otra manera”. Edición y traducción de Hilario Barrero. Editorial Pre-Textos, 2007.


martes, 5 de febrero de 2019

TRES POEMAS DE ALFREDO BUXÁN


UN DÍA MÁS

Incluso en la pared desnuda y sola,
si miras el vacío con hondura,
se abre paso la luz como simiente
de la que brota el mundo
para que el alma recupere el pulso
-de nuevo en paz, como si renaciera-
y se adentre sin miedo en la armonía
de lo desconocido y de lo eterno:
el sol del día, el viento, la mañana
que yo celebro –a veces en silencio-
escribiendo despacio estas palabras.



EFÍMERO

Quedará en la ventana, si algo queda,
caída entre las flores,
una miga de pan
                         o una palabra
que el humilde gorrión de cada día,
siempre atento a los dones de la vida,
ya muy cerca del alba,
se llevará en el pico hacia su nido.



UN TRABAJO CUALQUIERA
                         
                     Para Anay Sala, naturalmente

Cuánto cuesta explicarles que mi trabajo es este,
que por él me desvelo y le entrego las horas
que su esfuerzo requiere. Qué cansado resulta.
Lo demás son minucias, servidumbres, acciones
para estar a resguardo cuando llega la noche,
para ganarme –apenas- el pan y los zapatos
como se gana el árbol la savia que lo nutre.
Que mi trabajo es este: perseguir la belleza
de las cosas que cesan, para que no se olviden,
escuchar el gorjeo con que el día nos cuenta
que la vida no pide otra cosa que entrega.
Y los ojos abiertos. Y la mano tendida.
Acercarme a la orilla y escuchar el murmullo
que las olas sembraron en mis sueños de niño.
Sonreír a la lluvia, sentarme en una piedra,
escuchar a los muertos, remendar las palabras
que tiemblan en la arena como recién nacidas.
Escucharlas entonces para darles aliento
y que salgan al mundo con su cara lavada.
Qué culpa tiene nadie de que no dé dinero.
Cada cual a lo suyo, cada palo su vela.
Qué le vamos a hacer si la música suena
y las nubes lo saben, si lo entiende hasta el aire
cuando pasa de largo, que mi trabajo es este:
las manos en el barro y en el alma el anhelo
de que salga una jarra donde guardar el agua.

        de “El rumor” Editorial Aflera, 2018