sábado, 27 de julio de 2019

POEMA




                                                  Foto de Rita Bernstein



UN MOMENTO INDELEBLE
                                                   a Doris
                                                            
ME viene a la memoria, muy tenaz,
el recuerdo de aquella madrugada.

Tu marcha me hizo comprender la muerte
que tiempo atrás te fue siempre acechando,
-cuánta perseverancia en su insistencia-
llamando en la distancia, exhibiéndose.

Aquella noche, ahora permanente,
dejaste de luchar y renunciaste
a vivir en tu cuerpo.
 Así te fuiste:

dejándome la mano ya sin sangre,
que mi mano cogió, y, acariciándola,
dejó de palpitar. Yo te miré
como nunca antes hice,
y noté, -creo, estoy casi seguro-
una sonrisa clara mas muy breve
que adelantaba lo que vino entonces:

un extraño silencio.

miércoles, 10 de julio de 2019

TRES POEMAS DE VICENTE GALLEGO



LA PÁGINA

Estáis las dos ahí,
en la terraza, justo
donde no rige el tiempo,
bajo una luz de hilo,
entre las hojas verdes
y los renuevos rojos.

Esa mujer, la niña
dejándose peinar,
las manos blancas
sobre el caudal oscuro,
el sol allí pasmado,
el aire entre las hebras
detenido, la página
escribiéndose,
conteniendo el aliento.



SABOR

En la pila, los verdes
de la lechuga fresca,
los tomates, tus manos
metidas hasta el fondo
en agua y sol.

¿Qué tiene esta cocina,
que es pequeña y es fea?

Tiene una gran ventana,
tiene una galería
muy del gusto de pájaros,
quién sabe qué amistades
con la luz, el poniente,
ropa blanca tendida
luna adentro.

Tiene que tú la llenas
de pimienta y sal.



MILANOS REALES

Iba la carretera
arrastrando el pincel
por toda la llanura.

Vimos balas en orden,
laderas de molinos,
plantaciones de mies
entintadas de cuervos.

Detuvimos el coche
bajo un árbol añoso,
el aliento del día
se nos hizo presente:
ese fondo despierto
donde zumba la abeja,
y se quiebra una caña.

Sobre campos de trilla,
de amarillo rastrojo,
dibujaban el círculo
del vuelo dos milanos.

Se recogió la tarde
en su ovillo de oro.


      de “A pájaros y migas” Editorial Visor, 2019

sábado, 18 de mayo de 2019

POEMA DE MARIO QUINTANA


AULA INAUGURAL

Verdad que en la Ilíada no había tantos héroes
         como en la guerra del Paraguay…,
pero hablaban muy bien
y todos sus gestos tenían el ritmo de un ballet
por la cadencia de los metros homéricos.
Fuera del ritmo, sólo hay perdición.
Fuera de la poesía, no hay salvación.
La poesía es danza y la danza es alegría.
Baila, pues, tu desesperación, baila
tu miseria, tus arrebatos,
tus júbilos
y,
aunque temas inmensamente a Dios,
baila, como David, ante el Arca de la Alianza:
baila delante de tu fosa.
Teje coronas de rimas…
Mientras el poema no termina
la rima es como una esperanza
que eternamente se renueva.
Una canción, una simple canción, es una luz dentro
       de la noche.
(Lo saben todas las almas perdidas.)
Un canto solemne es una antorcha entre tinieblas.
(Lo saben todas las almas perdidas.)
Baila encantado encantador de monstruos,
vencedor de las esfinges,
baila, poeta,
y bajo el aéreo, el implacable, el irresistible
        ritmo de tus pies
deja rugir al Caos atónito.

       de “Intenta olvidarme” (Antología poética). Selección, versión y prólogo de Enrique García-Máiquez. Ediciones Rialp, 2018.

martes, 30 de abril de 2019

DOS POEMAS DE MARIO MÍGUEZ




DESCONSUELO


OH Dios, ¿por qué a mí, el solo, el solitario,
me arrastras de continuo a esta tristeza
con que todas las cosas en mi entorno
lloran mudas, y usando mi alma ordenas
que digan su dolor mediante el mío?...
Oh Dios, al menos dame resistencia...
¿Por qué se duelen siempre en mí las cosas
sin yo poder dolerme nunca en ellas?...



EL MILAGRO DEL VIEJO MANUEL

YA están definitivamente quietas:
hoy se fueron enfriando entre las mías
y no hubo nadie más para estrecharlas.
Qué milagro tan tierno en sus caricias.
Porque aquellas dos manos delicadas,
las temblorosas manos del anciano
que era huérfano y pobre desde niño,
y se crió con hambre y abandono
y vivió el desamparo de las lágrimas,
esas manos cansadas ya y enfermas,
transmitían lo más inesperado:
ofrecían el más puro cariño,
el necesario y limpio amor que siempre
le fue negado a él desde la infancia.



     de “Casi es noche”. Editorial Pre-Textos, 2019





sábado, 13 de abril de 2019

DOS POEMAS DE MARCELA DUQUE




EN UN ESPEJO

MIRA esos tulipanes.
No sé tú,
pero los miro y quiero ser mejor persona.

¿Por qué si son pedantes, presumidos?
Levantan sus narices por los aires.
No bajan la mirada para nada.

Míralos, míralos
qué altos y qué esbeltos,
rectos como quisiera hacer mi vida.

Pero qué pose antinatural.
¿Cuándo has visto un tallo tan erguido?

Quizá se empinan, sí, pero hacia el cielo
y mira lo vivaz de sus colores
cómo llenan los caminos de alegría.

Qué despliegue de pigmentos tan pomposo,
Su derroche es tal que escandaliza.

Si es así, entonces, que así sea.
Que mi vida escandalice a los apáticos.



DON Y OFICIO

ES bueno que se te resistan las palabras,
que no sean acuarela sino mármol,
obra de cantería.
Que tengas que percutirlas con escodas,
esperar a escuchar el ritmo en tus oídos
y volver, con más empeño, a dar el golpe.
Que sientas el rigor de trabajar
en las entrañas recónditas
del universo,
donde yace la pieza que deseas.
Tu trabajo es, entonces, desbastar, pulir, lijar
hasta que el roce con la piedra
te abra heridas.
Cuando tengas que empezar el acabado,
la finura de los últimos detalles,
recordarás que también con un buril
se grabaron las primeras formas de escritura.
Es bueno que te canses,
que se te oponga tozuda la materia
y a veces sufras
la monotonía de labrar en vano.
Así cuando el poema, ligero, emprenda el vuelo
y lo veas palpitar, sabrás que en él
está presente un soplo que no vino
de la sola pericia de tus manos.


       de “Bello es el riesgo” Ediciones Rialp, 2019


miércoles, 10 de abril de 2019

POEMA DE ANTONIO MANILLA




MANZANO

Por el techo fantasma de la casa
se cuela el firmamento. El viento enfila
escaleras, pasillos: su susurro
de navaja apresura el canto del mochuelo.

La luna se demora en las estancias
que fueron comunales, encendiendo
un reguero de vida en los objetos,
metales oxidados por la lluvia
que penden de unos clavos que no venció la edad.

El suelo de madera está podrido y cruje
a cada leve avance, por las luces vacías
penetra muy intenso el olor de un manzano
que alguien plantó hace mucho y respira invisible
con las ramas dobladas por los frutos.

Un día ese frutal,
cuando no estés ya tú, continuará
aligerando con su aroma el mundo,
enfrentando a la grave noche el leve
imperio de hermosura
de cuanto existe opuesto contra el tiempo.

Sobrevivió a los hombres, perdurará a los muros
y dará fe de vida, entre ortigas y polvo,
más allá de tu ruina,
de que una vez aquí se alzó esta casa
piedra a piedra erigida por los tuyos.


      de “Suavemente ribera”, Editorial Visor, 2019


domingo, 7 de abril de 2019

DOS POEMAS DE ÁLVARO VALVERDE



FUENTE DE LOS ALISOS

DE todos los milagros, el del agua
-dijo alguien-,
una humilde verdad que se repite
ante el flujo incesante
de esta fuente escondida
entre alisos y zarzas
donde cesa el verano
esta tarde de agosto.


OVAS

ESAS algas de agua
que aquí llamamos ovas
también estrenan verde
ahora en primavera.

Un tono tan intenso
como el de todas las hojas,
que debajo del agua
cobra un matiz precioso.

Bailan en la corriente,
las observo moviéndose
y esa danza ondulada
me recuerda que antes,
hace apenas dos meses,
eran sombras apenas
bajo el curso del río.

Han resistido, vencen
a crecidas, a rápidos,
a la cruel turbulencia
del caudal en invierno.

Son un ejemplo, duran,
fueron nada y son todo
esta tarde de mayo
en que esplenden al sol
mientras paso a su lado.


      de “El cuarto del siroco”, Tusquets, 2018

sábado, 9 de marzo de 2019

POEMA DE JOSÉ MANUEL ARANGO


HIMNO AL SOL


Porque sí porque aún no apareces por sobre el filo de la montaña
y ya los pájaros te saludan ya sus gargantas
qué algarabía se han desentumecido
y la escarcha que agravaba las hojas del arbusto comienza a desleírse
y ya brillan con destellos de plata las telarañas del rocío

Aquí vengo temprano en la madrugada
a darte mi saludo vengo porque sí con mi perro
traigo todavía la botella en la mano
mi perro y yo venimos a alabarte entre el alboroto de los pájaros
ya mis amigos se durmieron pero yo esperé que albearas para venir a verte
niño niño sol y aquí me tienes sentado en esta piedra

La neblina se abre una mirla cruza una flecha de fina punta
amarilla como si llevara un brillo tuyo en el pico
y ahora sí asomas por sobre el filo negro de la sierra
y de las rocas del asfalto de la carretera se alza un vapor blanco
montañas que una tras otra van oscureciendo puertos
que despiertan uno tras otro has venido has venido

Ahora la culebra en el arenal te alaba desenroscándose
mostrando para nadie para ti su dorso
y en el caballete del tejado un gallinazo te recibe con las alas abiertas
y todo se desentumece se hace tibio se hincha
la tierra mi escroto que tu rayo toca cuando separo las rodillas

Los filósofos dicen que no eres un dios
dicen que no eres más que una piedra ardiente un globo de fuego
que no eres tú quien engendra y hace brotar la vida en el pantano
ni crías el oro en la veta del recoveco de la montaña
Pero yo te saludo como a un dios
porque sé que eres tú y nadie más que tú abuelo sol
quien ahora mismo está engendrando en el aire los bichos
y haciendo nacer la gusanera en la podre del lodo
y engendrando las pepitas de oro en el recoveco de la roca

Como eres tú quien saca los seres y las formas de la noche de la nada de la noche
y urdes la fantasmagoría de las cosas y creas de la oscuridad los colores
tocas con tu luz la hoja del drago y la hoja enrojece
y a tu roce la hierba verdea y la espiga del maíz amarillea
ahora que tu rayo oblicuo dora a lo lejos la neblina
ahora en esta hora en que todo es azul y dorado

Porque sí porque yo sé que el oro de la espiga es tuyo
y que la alabanza de los pájaros es para ti siempre sol
de los pájaros que ya desde el alba comenzaron su algarabía
porque eso es lo primero que tu calor desentumece
las gargantas las lenguas de los pájaros

Eres sobre todo semejante a un dios por tu indiferencia
alumbras por igual a la víctima y al victimario
y no distingues entre el enemigo y el amigo
ni entre el enemigo del amigo y el amigo del enemigo
haces crecer el tronco recto de la palma y el tortuoso del terebinto
y brillas igual sobre las cúpulas doradas de las catedrales
y sobre la miseria de los leprocomios

Por eso pongo la botella entre los muslos y extiendo los brazos
como el gallinazo del caballete del tejado abre las alas para alabarte
mi perro se alebresta se levanta de un salto comienza a ladrarme
y hasta me parece que los pájaros me silban sus burlas
Porque sí porque haces madurar la fruta verdibermeja del mango
y podrir todo sol la carroña de la comadreja
fermentas el vino y haces agriar la leche
al oso que sale de invernar en países de nieve
le calientas el escroto para que busca a la hembra
y aquí mismo ante mis ojos tocas la flor diminuta del diente-de-león
y la florecita amarilla comienza a abrirse

Porque si los gusanos se alegran se menean en el pantano y te saludan
y en el monte los monos saltarines te alaban con sus piruetas
cómo no he de alabarte yo que tengo entendimiento
cómo no he de arrodillarme en esta piedra para hacerte zalemas
aunque los pájaros burlonamente me silben
aunque me ladre alebrestado mi perro

de “Poesía completa. José Manuel Arango” Edición y prólogo de Francisco José Cruz. Biblioteca Sibila. Fundación BBVA de Poesía en Español, 2009

sábado, 9 de febrero de 2019

TRES POEMAS DE JANE KENYON



LA PERA

HAY un momento en la madurez
en que te aburres, encolerizado
por tu mente mediocre,
aterrorizado.

Ese día el sol
deslumbrante te quema
y te hace sentir más desolado.

Pasa sutilmente como cuando una pera
se pudre de dentro afuera
y tú tal vez no lo adviertes
hasta que es demasiado tarde.



GALLETA

EL perro ha limpiado su cuenco
y su recompensa es una galleta
que yo pongo en su boca
como un sacerdote ofrece la hostia.

¡No puedo soportar esa cara confiada!
Él pide pan, espera
pan y yo con mi poder
podría haberle dado una piedra.



ABRIGOS

LE vi salir del hospital
con un abrigo de mujer sobre el brazo.
Evidentemente ella no lo iba ya a necesitar.
Las gafas de sol que llevaba no podían
ocultar su cara húmeda y su desconcierto.

Como una burla el día era brillante
y suave el aire para ser diciembre. Aun así
se subió la cremallera de su abrigo y se ató
la capucha bajo la barbilla, preparándose
para un frío irremediable.

de “De otra manera”. Edición y traducción de Hilario Barrero. Editorial Pre-Textos, 2007.


martes, 5 de febrero de 2019

TRES POEMAS DE ALFREDO BUXÁN


UN DÍA MÁS

Incluso en la pared desnuda y sola,
si miras el vacío con hondura,
se abre paso la luz como simiente
de la que brota el mundo
para que el alma recupere el pulso
-de nuevo en paz, como si renaciera-
y se adentre sin miedo en la armonía
de lo desconocido y de lo eterno:
el sol del día, el viento, la mañana
que yo celebro –a veces en silencio-
escribiendo despacio estas palabras.



EFÍMERO

Quedará en la ventana, si algo queda,
caída entre las flores,
una miga de pan
                         o una palabra
que el humilde gorrión de cada día,
siempre atento a los dones de la vida,
ya muy cerca del alba,
se llevará en el pico hacia su nido.



UN TRABAJO CUALQUIERA
                         
                     Para Anay Sala, naturalmente

Cuánto cuesta explicarles que mi trabajo es este,
que por él me desvelo y le entrego las horas
que su esfuerzo requiere. Qué cansado resulta.
Lo demás son minucias, servidumbres, acciones
para estar a resguardo cuando llega la noche,
para ganarme –apenas- el pan y los zapatos
como se gana el árbol la savia que lo nutre.
Que mi trabajo es este: perseguir la belleza
de las cosas que cesan, para que no se olviden,
escuchar el gorjeo con que el día nos cuenta
que la vida no pide otra cosa que entrega.
Y los ojos abiertos. Y la mano tendida.
Acercarme a la orilla y escuchar el murmullo
que las olas sembraron en mis sueños de niño.
Sonreír a la lluvia, sentarme en una piedra,
escuchar a los muertos, remendar las palabras
que tiemblan en la arena como recién nacidas.
Escucharlas entonces para darles aliento
y que salgan al mundo con su cara lavada.
Qué culpa tiene nadie de que no dé dinero.
Cada cual a lo suyo, cada palo su vela.
Qué le vamos a hacer si la música suena
y las nubes lo saben, si lo entiende hasta el aire
cuando pasa de largo, que mi trabajo es este:
las manos en el barro y en el alma el anhelo
de que salga una jarra donde guardar el agua.

        de “El rumor” Editorial Aflera, 2018

domingo, 30 de diciembre de 2018

POEMA DE VICENTE GALLEGO




CAFÉ DEL TIEMPO
                               A Matilde Barrado Pérez
BESABAN el mantel
unas gotas de vino.

Sobre el plato de loza,
cortados en rodajas,
los limones siguieron
oliendo, no sabían
que hubiera que morir.

Entró un rayo de luz,
vi las manchas del tiempo
en las manos lavadas
de mi madre.

Detrás, en la vitrina,
esa cristalería
que pellizqué de niño
y se quedó vibrando.

  
    de “Ramas de perejil” Libros Canto y Cuento, 2018

lunes, 26 de noviembre de 2018

DOS POEMAS DE SUSANA BENET




TU MANO ENTRE LAS FLORES
                                                                    A Miguel d´Ors

CON cuánto mimo
cultivabas tus flores, mientras yo
te observaba de lejos moverte entre las dalias,
los lirios, los claveles,
enderezando brotes con gesto maternal.

No recuerda mi piel haber sentido
un roce tan tierno de tu mano,
ese temor a herir con que posabas
tus vigorosos dedos
en la frágil tersura de los pétalos.


RECOGIMIENTO
                                                                   A José Mateos

SIN culpa me recreo
en el dulce abandono. Ya la casa
ordenada y sobre el aire la luz
ociosa de la tarde.

Sin prisa el viento sopla,
sin urgencia resuelvo mis tareas
y no ansío el vaivén loco del mundo,
el febril ajetreo, la charla omnipresente.

Que me secuestre el sueño,
que no requiero más que sus cuidados,
pues sólo al buen reposo lo acompaña
el íntimo deleite de rozar
la muerte con la vida.


                 de “Don de la noche” Editorial Pre-Textos, 2018

viernes, 23 de noviembre de 2018

DIOS EN LA POESÍA ACTUAL (Antología)




DIOS DE LO PEQUEÑO

SEÑOR de las galaxias más remotas,
las que no tienen nombre,
las que apenas existen;
TÚ que gobiernas las Enanas Blancas
y las Supergigantes;
Tú que forjaste el asteroide oscuro
capaz de destruirnos con un roce;
Tú que detonas cada Supernova;
Tú que amontonas Agujeros Negros
en las pupilas ciegas de este Cosmos,
¿por qué esta margarita?

(Inédito)
DANIEL COTTA



TRAS LA COMIDA

NO sé nada,
pero si Dios existe,
si se encuentra en algún lugar
es aquí, en este cuarto
al que entra el sol poniente
unos minutos antes de ocultarse.

Dios sobre la caoba
del mueble iluminado,
en el verde trasluz
de las macetas que hay en la ventana,
en esas manos jóvenes
que sirven el azúcar,
metido en la madera, ya madera,
y en ese pelo oscuro
junto a una piel muy blanca.

Si es que existe un lugar
o un tiempo para Dios,
es justo aquí,
es justo ahora cuando lo contemplo.

No sé nada.
Ni por qué escribo esa palabra, “Dios”
para hablar de una dicha
con algo del dolor que nos asalta
en el momento de la despedida.

Polvareda, 2003
ANTONIO MORENO



VIEJAS HISTORIAS

AQUELLOS episodios de la Historia Sagrada
que de pequeño oía en el colegio
y que en casa, más tarde, repasaba despacio
me fascinaban siempre. Llenaban de hermosura,
de muy fuertes y opuestas emociones
-y quizá de algo más, de algo sin muerte-,
al niño retraído y soñador
que en mi ser habitaba. Qué intenso y sugestivo
el universo elemental y exótico
en el que transcurrían. Allí supe
del dolor y el amor, de sangre y fuego,
de plagas y diluvios y guerras y milagros,
de justicia implacable y de misericordia.
Luego, ¿dónde se fueron las vívidas estampas
que en mi alma bullían? Poco a poco
el tiempo fue empujándolas a ciertos arrabales
últimos del recuerdo (que son ya casi olvido).
Y muchos, muchos años, otros rumbos anduve.
En ocasiones, ahora, retirado en mi cuarto,
leo y releo la Biblia buscando no sé qué,
buscando, por instinto, agua de vida.
Y reencuentro en sus páginas los relatos que brotan
–tan frescos como entonces, tan dulces, tan terribles–
del fondo más remoto de mí mismo.
De nuevo me consuelan, me espantan, me subyugan.
Por los viejos caminos pedregosos
de Judea y Samaria, bajo un sol de leyenda,
o en la ribera azul del mar de Tiberíades,
los ojos de aquel niño que yo fui
se cruzan con los ojos de Jesús cuando pasa.

Antes del nombre, 2013
ELOY SÁNCHEZ ROSILLO


de “Dios en la poesía actual”. Ediciones Rialp, 2018
Edición de José Julio Cabanillas y Carmelo Guillén Acosta.  

martes, 13 de noviembre de 2018

POEMA DE JOSÉ JULIO CABANILLAS




ÁRBOL

CUANDO yo era un arbusto, el aire
me soplaba al oído canciones de muy lejos.
Me rozaba la frente.
Yo estaba allí, en el bosque, entre padres y abuelos
de alturas formidables, con sus ramas nudosas
acariciando el sol, bebiéndolo a hojas llenas.
Una nube pasaba.
Un pájaro ponía el corazón en la garganta.
Pasaban niñas, y reían.
Pasaban mariposas y eran oro.
De pronto fui un árbol. Qué verde gravedad
de savia entre las hojas que, en el aire, temblaban o reían
con los ojos de un hombre enamorado.
No muy lejos oí pasos de hierro, gritos,
voces de pedernal en el filo de un labio.
Y se alzó el brillo agrio de un hacha en mano fuerte.
La savia, acostumbrada a vivir en mi adentro,
vio el sol y desmayó. Yo desmayé, caído.
Me arrancaron del suelo, me talaron las ramas,
menos dos, las más grandes. Me quemaron la copa
de hojas transparentes, hijas del arco iris.
Me arrastraron a voces hasta un monte pelado.
Había gente. Olía a sangre, y un perrillo
pasaba entre las túnicas severas
de unos hombres hirsutos con ojos imposibles.
Luego, en lo poco que de mí quedaba,
clavaron -yerro y sangre-
lo poco que quedaba de aquel hombre.

   
   de “Poemas descalzos”, Libros Canto y Cuento, 2016


viernes, 9 de noviembre de 2018

POEMA DE CARMELO GUILLÉN ACOSTA





AMOR COMO UNA URGENCIA
                 
   QUÉ hermoso tú que existas
para decir te quiero cuando me viene en ganas.
Así sencillamente: te quiero.
                                          La vida será siempre
nuestro retorno inmenso, el mar donde abrazamos
la dicha sin permiso. Donde sólo tu beso podía
comprenderme.
   Ahora te recuerdo, quiero decir te quiero
para olvidar la muerte. Apenas si conservo de ti
tu inexistencia: tus ojos esperados como una
carta urgente, como un dolor urgente…
¡Qué hermoso hacerte ser cual eres como entonces!,
como cuando dejabas tu cuerpo libremente
de norte a sur, de oeste a este ¡entera
geografía! y recogía mi olvido tu memoria
y hacía tu aliento cuanto había borrado.
   Qué hermoso era el principio y del principio
tú nada más y el mundo era contigo.
   Quiero creerte ahora. Creerte eterna
y casta para poder amarte de todas las maneras.

   A pesar del dolor, a pesar de la muerte
y el gozo que me queda, hoy no sé más de mí
que tu vida. Que descubrirme amado por las cosas.
   Tú hiciste del amor el crucigrama
donde se unían los seres y el recuerdo:
el último recuerdo que todavía es presencia.
   Tú desataste el día, la palabra, lo
conjugaste todo como un soplo que Dios
dejó en tu pulso y me lo diste.
   Por eso te creé sobre el dolor dichoso de la muerte
como un río sereno que abrazo y que no agoto.
         Y tú tenías razón,
valía la pena el llanto, valía la pena amar
aunque fuera esta vida. Creer que nada puede
morir si existe amado.

                                 Con la alegría tuya
quisiera tener la humildad de decir que
   Te quiero.


      de “Envés del existir”, 1977. Ediciones Rialp