lunes, 2 de abril de 2012

YO Y EL OTRO

                                                             Foto de Jan Saudek



-UNO
Uno:
Yo decido subir al pico más alto. Como enseres dispongo llevarme una cantimplora, un paraguas por si llueve, o hace demasiado sol, un jersey reversible, ambas caras del color del paisaje, dos cerillas, por precaución, una brújula que me regalaron cuando me perdí la última vez. En el último momento concluyo llevarme una manzana cuyas semillas sembraré, para dejar testimonio.

Dos:
Él no sabe que está subiendo una montaña sin pico, plana, cuya cima ningún ser vivo ha conseguido tronar. Allí, el oxígeno fue respirado hace mucho.

-DOS
Uno:
Yo de joven fui rebelde. Un par de veces me negué, como acto supremo de esa rebeldía, a llamarme igual que mi padre aunque más tarde fui convencido. Ahora parece que la edad me ha hecho más conformista y suelo asentir a todo.

Dos:
Él, que con trece años se negó a llamarse igual que su padre, ahora viéndolo agonizar, le ofrece la mano y le susurra al oído que el nieto también tiene la mancha y en el mismo sitio.

-TRES
Uno:
Yo, recién levantado, suelo coger un lápiz no muy grueso, manía de escritor, y antes del café escribo los posos que voy encontrando de los sueños que he tenido. Habitualmente escribo menos de tres palabras y seguramente alguna es pura invención, utilizada como relleno. Hoy recuerdo perfectamente la palabra vacío.

Dos:
Él no sabe que no tiene vida interior. Se dará cuenta cuando el lápiz con el que pretende inmortalizarse se convierta en brasa y queme el papel.

-CUATRO
Uno:
Yo salgo de un supermercado y, como en las películas, choco con la mujer de mi vida. Eso lo sé al mirarle las pupilas y ver reflejadas en ellas la marca de la misma pasta de dientes que yo utilizo. Le ayudo a recoger las cosas y al llegar a la pasta ella levanta la mirada como buscando a alguien.

Dos:
Él viene a ayudar a su mujer, que ve agachada junto a un desconocido. Recogen todo y se van sin percatarse de que les falta un producto de la compra. Tampoco saben que en sus biografías acaba de aparecer un nuevo personaje.

-CINCO
Uno:
Yo vivo en lo alto de un árbol. Bajo sólo a comer bayas que recojo en noches de luna menguante. Ahora mismo estoy en el suelo y aunque noto cierto vértigo sigo llenando los bolsillos del alimento que me mantendrá vivo otro nuevo ciclo.

Dos:
Él se encuentra en la  misma oficina desde hace cuarenta años. Mira con el rabillo del ojo al resto de compañeros y espera que se levanten pues ya es la hora del almuerzo. No quiere decirles que no tiene hambre. Se nota hinchado. Tanta baya indigesta.


-SEIS
Uno:
Yo me veo andando en la nieve. Es jueves y es de noche. El día anterior sufrí una amputación de un brazo. No era el de escribir. Seguramente meteré el muñón en el frío, así intentaré parar la sangre.

Dos:
Él sueña con subir al Everest cada noche, y sufre. El ascenso se consuma en el momento de abrir los ojos. En ese momento, la falta de oxígeno es evidente.

-SIETE
Uno:
Yo sé que estás ahí. Aunque no quieres que te vea sé que en cualquier momento encenderás la vela que te preparé en la ventana. Te siento cada noche cuando el viento entra en la habitación. Te creo muy cercana. Lo suficiente para no tener la necesidad de soñarte.

Dos:
Él no duerme. Desde que ella se fue, no duerme. Tampoco encuentra el momento de apagar la luz. Él sabe que demasiada oscuridad le quita posibilidades. A pesar de que junto a la vela nunca ha dejado una cerilla.


-OCHO
Uno:
Yo tengo sueño, pero sé que si duermo posiblemente no despierte nunca. Decido arriesgarme aunque me propongo un periodo transitorio de prueba.

Dos:
Él ya se encuentra dormido y está soñando. Aunque se nota más liviano echa en falta el peso de sus decisiones. Mientras, se conforma con soñar y ser el otro.

12 comentarios:

Elena Román dijo...

Toda una tribu la individualidad. Cercano y con pulso, que no compulso (¿o sí?), está muy bien plasmado. Después de atravesarte a ti, atraviesa el ordenador y llega. Gracias por compartirlo.

Maite dijo...

Estupendamente reflejadas muchas de las paradojas de la vida. Me las guardo para la reflexión. Abrazos.

José Antonio Fernández dijo...

Me encanta que llegue este com-pulso texto. Para eso fue escrito. Un abrazo Elena.

José Antonio Fernández dijo...

Gracias, Maite. Espero que esa re-flexión sea provechosa. Un abrazo!!

Alicia María Abatilli dijo...

Yo creo que al fin en el sueño se han encontrado los dos.
Es tan hermoso cuando sucede, el soñar al mismo tiempo. ¿Te ha ocurrido alguna vez?

José Antonio Fernández dijo...

Bueno, Alicia, los sueños, sueños son. Gracias por pasar, ah, y felices sueños!

José María Piñeiro dijo...

El título de la serie ya lo dice todo. Recuerda el texto de Borges: "Borges y yo". La eterna dualidad, esa pugna entre lo meramente real y el sueño creador. Quizá ambas cosas sean una, a fin de cuentas.

José Antonio Fernández dijo...

Ambas cosas son reales. cambia sólo el estados de los ojos.
Gracias José María.

SUSANA BENET dijo...

Me han gustado esas dobles realidades, que se confunden como "posos de un sueño". Besos,

luis dijo...

Una mirada que se inunda de dos realidades tan ciertas y verdaderas la una como la otra.
Un texto que parece partido, que se dibuja como en dos colores pero, que después de todo es uno solo.
Eso si, amigo, uno solo pero, grande muy grande.
Gracias por escribir de este modo y compartir.
Un abrazo enorme.

Dany dijo...

Muy bueno. Me encanta el doble juego.

ana asensio gil dijo...

Te agradezco ese instante mágico en que con tus palabras me abstruve del tiempo y pude sentir que una chispa de esencia de lo autentico rozaba mi alma y ennubulo mis ojos....tal vez se deba a que estoy sensible, no se.