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martes, 28 de noviembre de 2017

DOS POEMAS DE FERMÍN HERRERO



SE HA IDO YA la nieve después
de mediodía. Nada dura.
Detrás de la alameda
se está yendo también la tarde. Aun
en la umbría, ha perdido el muñeco
de ayer toda su gracia,
es una bola amorfa. Su mismo
desamparo. Por más que intento
compadecerme de lo efímero,
quiera o no, estoy en lo que alienta:
debajo del espino, entre los restos
de la nevada, zascandil,
un petirrojo escarba, hurga.



ESTÁ LA TARDE desolada,
qué cielo tan violáceo,
qué indefensión ante el frío, con el sol
desfalleciendo. Y desde hace mucho
siguen ahí, muy quietos,
abrazados. De vez en cuando
los miro, me sorprendo,
sonrío, soy su amor. O por lo menos
vuelvo al mío, a cualquiera
de ellos. Está la tarde
mortecina. En cambio, siguen juntos,
se entenebrecen, abrazados. Y yo. Mientras
la vida, mientras. Qué cielo.

     de “De atardecida, Cielos” Editorial Reino de Cordelia, 2012

miércoles, 5 de julio de 2017

POEMA DE FERMÍN HERRERO



Ha vuelto la cigüeña al pueblo, hacía
muchísimo que no anidaba ninguna. Lleva
días zurciendo palos en el chopo
grande del prado del molino.
De anochecida, a veces, como suele
pararse el solanillo, se queda
suspenso el campo. En el reposo,
su crotorar se acrece tanto
que puede oírse desde el jardín, resuena
con la fresca, conforta, quién
sabe por qué. Un vecino saluda
al pasar, como si escuchase también
se para y mira el campo, dice: los trigos
tienen color de cera, están
llegando bien, parece. Asiento sin hablar,
color de cera, quién sabe por qué,
es soberbio. Sonríe al despedirse. Vuelvo
a cuidar del poema. La luna asciende
por el cerro y, a contraluz, en la acacia,
en sus hojas, un tiemblo repentino.

                     de “Sin ir más lejos” Ediciones Hiperión, 2016