martes, 7 de julio de 2015

TRES POEMAS DE JESÚS MONTIEL


VISITA AL MUSEO

Niños terrícolas del siglo treinta:

mirad lo que llamaban los antiguos un bosque.
Entonces las especies vegetales
brotaban a su antojo de la tierra,
se hermanaban formando laberintos
rebosantes de vida.
Los árboles crecían, se estiraban
como sueños borrachos de tormenta
y en sus copas el viento cantaba con el pájaro.

-la extrañeza les abre la boca y la mirada-

mirad lo azul que entonces era el cielo
-se escuchan expresiones de sorpresa-
la belleza del campo amanecido.
Observad las estrellas coronando la noche,
flotando como adornos navideños
de un altísimo abeto.

Mirad un hombre de hace nueve siglos
absorto en la visión de unas montañas.

-¿Qué fulge en su mirada? ¿Qué luz hay en sus ojos?-

Es lo que los antiguos llamaban el Asombro

      
de "Placer adámico". Servicio de publicaciones Universidad Complutense de Madrid.






MONÓLOGO DEL PARADO

        NO siembran ni cosechan
las jodidas palomas que se hartan
del maná que las mesas de los bares prodigan
-me alegra que esos niños
interrumpan su cena
                              detrás de una pelota-.

         No hilan ni trabajan esos lirios
que se ponen de agua hasta las cejas
revestidos de lluvia en los parterres,
ni tampoco los árboles que orillan la avenida
ni este horrible mosquito
que succiona mi sangre atribulada.

Yo que siembro los mapas de currículos
            y trenzo con angustia las hojas del futuro,

cruzadas las fronteras del Edén
no puedo tan siquiera someterme
al mandato divino
          de ganarme sudando el alimento.


                               de "Insectario". Ediciones Rialp. Adonáis. 







NOTICIA

AYER eras un hombre cotidiano.

Suponiendo la vida para siempre
el tiempo lo ocupabas
rumiando las facturas,
y escalabas las horas que se iban
-alpinista del tedio-
como el agua de un río que nunca desemboca.

Mas de pronto la vida te sacude
igual que puñetazo
cambiando la expresión adormecida
de tus días normales
                              por otra de sorpresa.

Te dicen que tu hijo tiene cáncer
y un hombre desigual
-recóndito hasta entonces-
ocupa tus jornadas preguntando tu rumbo.

Y empiezas a dudar del horizonte.

Descubres que en la niebla del futuro
se esconden las murallas
tramposas de la muerte.

     de "La puerta entornada". Editorial Libros Canto y Cuento.
     

2 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

El primer poema lo encuentro un tanto contradictorio, porque parece querer decir que en el siglo 30 habrá desaparecido el asombro (y por eso es raro para los niños ver a alguien asombrándose ante la visión de unas montañas). Pero por otro lado el asombro no ha desaparecido, y por eso "la extrañeza les abre la boca y la mirada", "se escuchan expresiones de sorpresa"... todo ello entre los niños del siglo 30.

O sea, que el asombro no ha desaparecido. Sigue existiendo aunque sea asombro por otras cosas: asombro por ver a alguien asombrarse ante unas montañas.

Los antiguos lo llamaban Asombro, pero ¿por qué en el siglo 30 habrán dejado de llamar así a una cosa -el asombro- que sigue existiendo?

Este poema lo tenemos incluido en ZdeP, pero ya en su momento comenté con los otros seleccionadores la contradicción en que incurre. A mi modo de ver es flagrante, aunque quizá no todos lo vean así.

SANDRA SUÁREZ

José Antonio Fernández dijo...

Sandra, yo no le doy tantas vueltas al poema. A mi me trasmite mucho y me gusta el mensaje. Para mí es muy bueno.