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viernes, 9 de noviembre de 2018

POEMA DE CARMELO GUILLÉN ACOSTA





AMOR COMO UNA URGENCIA
                 
   QUÉ hermoso tú que existas
para decir te quiero cuando me viene en ganas.
Así sencillamente: te quiero.
                                          La vida será siempre
nuestro retorno inmenso, el mar donde abrazamos
la dicha sin permiso. Donde sólo tu beso podía
comprenderme.
   Ahora te recuerdo, quiero decir te quiero
para olvidar la muerte. Apenas si conservo de ti
tu inexistencia: tus ojos esperados como una
carta urgente, como un dolor urgente…
¡Qué hermoso hacerte ser cual eres como entonces!,
como cuando dejabas tu cuerpo libremente
de norte a sur, de oeste a este ¡entera
geografía! y recogía mi olvido tu memoria
y hacía tu aliento cuanto había borrado.
   Qué hermoso era el principio y del principio
tú nada más y el mundo era contigo.
   Quiero creerte ahora. Creerte eterna
y casta para poder amarte de todas las maneras.

   A pesar del dolor, a pesar de la muerte
y el gozo que me queda, hoy no sé más de mí
que tu vida. Que descubrirme amado por las cosas.
   Tú hiciste del amor el crucigrama
donde se unían los seres y el recuerdo:
el último recuerdo que todavía es presencia.
   Tú desataste el día, la palabra, lo
conjugaste todo como un soplo que Dios
dejó en tu pulso y me lo diste.
   Por eso te creé sobre el dolor dichoso de la muerte
como un río sereno que abrazo y que no agoto.
         Y tú tenías razón,
valía la pena el llanto, valía la pena amar
aunque fuera esta vida. Creer que nada puede
morir si existe amado.

                                 Con la alegría tuya
quisiera tener la humildad de decir que
   Te quiero.


      de “Envés del existir”, 1977. Ediciones Rialp

lunes, 1 de enero de 2018

POEMA DE CARMELO GUILLÉN ACOSTA







EN FRÁGIL SOLEDAD

EN frágil soledad y en feliz calma,
entiendo mi vivir como el del árbol
que hunde sus raíces en la tierra
con un solo deseo, ser la savia
que invade el universo de armonía
y accede con su halo al mismo cielo.

En frágil soledad, me doy al cielo,
a la ilusión de verme siempre en calma,
trenzando en dulce vuelo la armonía
que aviva con fulgor el feraz árbol,
desde la alta copa en que la savia
desciende tronco abajo hasta la tierra.

En frágil soledad, vivo en la tierra
igual que si viviera ya en el cielo,
libando así mi alma de la savia
que el mundo facilita cuando, en calma,
se deja presentir dentro del árbol
en plenitud de ser y de armonía.

En frágil soledad, es la armonía
mi sello personal en esta tierra,
pues vivo para el mundo como el árbol,
que crece para adentro y en el cielo
encuentra ese sosiego y esa calma
precisos para hendir de luz la savia.

En frágil soledad, surge la savia
en ramas de fragor y de armonía,
y dejo mi alma al aire, y en la calma
que el mundo me procura aquí en la tierra,
y que, en mi afán de darme, alcanza al cielo,
imito en mi arrebato al fértil árbol.

En frágil soledad, soy ese árbol
que exuda en su vivir toda la savia,
toda la transparencia que abre al cielo,
y en nudos de ilusión y de armonía
me doy sin condiciones por la tierra,
con renovada entrega y viva calma.

Que si vivir en calma pido al árbol,
también pido a la tierra que su savia
me llene de armonía, como al cielo.


  de “Las redenciones” Editorial Renacimiento, 2017




domingo, 24 de septiembre de 2017

DOS POEMAS DE CARMELO GUILLÉN ACOSTA



IMAGEN SENTIMENTAL DE MI PADRE

Y a los ojos me viene su presencia,
del patio al corazón, del corazón
al compromiso. Lo confieso: el tono
es diferente cuando hablo de él.
Y sigue vivo; y sigue enamorado
de mi madre; y a su hijo, por mucho
que le diera por oírlo, lo quiso
más que a él.
                    Cuando me acerco a verlo,
me exige que la cuide, que es mi madre,
y a él, que no me olvide de llevarle
las flores de los muertos, que a los muertos
se les honra con flores. ¡Qué de veces
me lo viene diciendo!:
                                 no te olvides
ni en la vida ni en la muerte de aquel
dulce deber: el cuarto mandamiento.




CONSIDERACIONES A PARTIR DE ESTE DÍA

TODO lo que he palpado, olido o miro ahora,
todo tiene su qué, su magia, su sentido.
La vida se sucede así, llena de luz,
hacia el fin que le es propio, el que le pertenece.
Y lo que muere, pongo por caso el día este,
alcanza en realidad su vocación más plena
cuando las sombras dan razón de que existió.

E igual que hablo del día, vale la noche, el hombre,
esa brizna de hierba que cae en mi cabeza.
Cualquier ser entra dentro del juego misterioso
de nacer y morir, no se da otro principio.
Y si existen las sombras, las produce la luz;
y si existe la luz, es porque hay sombras;
lo visible y lo invisible tienen el mismo origen,
el mismo sedimento, la misma eternidad.

Y yo sé que es de paso que voy, entre palabras,
unas veces devuelto y otras absorbido;
y sé que el día este, o la noche, o el hombre,
o la brizna de hierba que cae en mi cabeza,
poseen el poder de iluminarme un mundo
-da igual qué mundo sea- terreno y transcendente,
con el que me asemejo porque sé que es el mío.


                  de “La vida es lo secreto” Ediciones Rialp, 2009