miércoles, 3 de mayo de 2017

LOS BARRUECOS

                                              Foto de un servidor


LOS BARRUECOS    

FUE llegar entre rocas y al sol puesto.
El agreste paisaje respiraba.
Dentro de aquella atmósfera silente
encontraba erosión en cada arista.
Inmensas piedras fieles al camino
que así, diríase, era señalado,
marcaban el sentido de la marcha.

Resaltaba el granito entre el marrón.

En lo más alto un nido de cigüeñas.
La pareja, y el cuello de un polluelo
saliendo de la nada hacia la nada,
igual que un tierno brote que en rigor
se despereza y tieso es cimbreado.

Allí estaban, tramando un vuelo bajo
en un cielo dispuesto y ofrecido.

Un viento inerte trajo el crotorar.

Entonces todo se hizo entendimiento.
Con pasos de silencio me marché.                                                           

4 comentarios:

JOSÉ LUIS MORANTE dijo...

Es hermoso pensar que el paisaje se interioriza, que un día forma parte de nuestra identidad y cambia de sitio para volver con nosotros en el regreso. Feliz día y hermosos versos. Un abrazo.

José Antonio Fernández dijo...

Así es José Luis, hay paisajes que se interiorizan. Fue muy grato descubrir los Barruecos, y ese paisaje ya pertenece a mis recuerdos permanentes.

Muchas gracias, y un gran abrazo!

SUSANA BENET dijo...

Un poema muy vivo, que te lleva al lugar y al paisaje. Muy delicados tus pasos de silencio. Besos,

José Antonio Fernández dijo...

Muchas gracias, Susana. Fue un paseo muy bonito. Esas enormes rocas, y esas cigüeñas anidando en ellas, tan a mano todo...
Un abrazo!