miércoles, 27 de julio de 2016

ASÍ ES LA VIDA

                                 Foto de Masao Yamamoto





ASÍ ES LA VIDA
                           a Doris, ya ausente

   
ES la revelación, es el recuerdo.
Rememoras aquello
que a los ojos de todos ya no existe.
Te viene a la memoria, como un mantra,
la pertinaz ausencia,
                             y no la eludes,
la vives en tu ser, la resucitas.

Así es como dialogas con los muertos.
Haciendo ver que escuchan, que respiran.
Como si deambularan sus cuerpos desnutridos
por escarpados páramos,
por improbables sendas.

Pero bien sabes que esto no es posible.
La carne necesita del cariño,
del calor tibio que la sangre ofrece
y que riega, renueva, da alimento
al músculo, a la vida.

Pero aun así resistes el envite,
la dura asignatura de la lógica,
el ruego, el puro grito de la muerte
que intenta hacerte ver
que es tarde ya, que el tiempo ahora es otro.

No llegas a entender. Por eso exclamas:
Así es la vida, bella en su concepto
mas cruel e injusta; dura en su actitud.

Sabes que el transcurrir te hará olvidar
y haces que sea la resignación
mera herramienta, avío, el objetivo.

Te agarra la añoranza.

Haces de la humildad tu condición.
Y, así, con obediencia,
esperas revertir lo que es destierro.



lunes, 11 de julio de 2016

ORACIÓN

                                               Foto de un servidor



ORACIÓN                      
                                   a José Mateos                                                            

CAMINOS de este bosque
que hacéis de la espera condición
y afán de pulcritud en el misterio,
acoged al intruso,
                         recibidme,
igual que yo os contemplo, abiertamente.

Así no habrá contorno
y todo será tierra vuestra y mía.

Haced de esta oración
no un grito, no una súplica,
más bien conformidad.

Caminos indicadme el verdadero,
el del silencio, el de la luz lejana,
el que es resurrección.

Abrid vuestros senderos.
                                  Señaladme
por cual he de volver
para que sea tránsito la vida.
Retorno y no promesa.


martes, 5 de julio de 2016

HONDO PAISAJE

                                              Foto de un servidor


HONDO PAISAJE

MIRA el olivo. Su quietud, su hondura.

Es su madera viva y su ascetismo
sinceridad estricta.
                          En su constancia
tanto es su afán antiguo y milenario
que en virtud su corteza es ceremonia.

En esta pléyade de olivos viejos
es oro vuelto el sol aun cenital.

Con el paisaje puesto
es la hondonada de su cuero humilde,
enteramente abierta entre tus manos,
quien obra humanidad y pertenencia.

Solo en la inspiración del aire suyo
tendrás credulidad.
                           En su lección
de enramadas raíces ofreciéndose.

Solemnidad rocosa en su rumor.



sábado, 2 de julio de 2016

ANTONIO CABRERA. DOS POEMAS



CORTEZA DE ABEDUL

TRAJE a casa, hace tiempo,
un poco de corteza de abedul.
Aun reseca conserva la misma palidez
a la que fui a asomarme entonces, gris
de octubre y bosques fríos, lavado por las nieblas;
no ha perdido tampoco las trazas de aquel rosa
tenue. Está muerta                                
                           a la manera viva
de la materia vegetal, de corrupción difusa.

Traje a casa corteza de abedul 
para tener al lado, junto a todo lo mío,
una cosa que fuera lo contrario
a mí,
antídoto de mí, piel convocada
de algo que me enfrentó y toqué, salud
venida de lo ajeno, un bien sin aura,
el sello de un presente en su verdad más simple:
el árbol y delante yo, y un hueco
separándonos, aire separándonos.

Corteza de abedul que fue abedul tan sólo,
mientras yo, siendo yo, acercaba mi mano.




INSTANTE DEL CANTO RODADO
                 (Alto Tajo)

DESTACABA entre muchos. Me acerqué.
Un guijarro cilíndrico y ferruginoso.
Pensé en las consabidas coincidencias,
en los años, los siglos, los milenios
que se necesitaron para darle
la cualidad aquella, la pátina oxidada
que me hizo descubrirlo.
Y pensé en la madeja
que habría estado devanando yo:
qué senda en garabato,
qué inconscientes distancias
se habrían ido tejiendo
hasta ponerme en su proximidad.
Sobre mi mano, solo, recibía
toda la luz de la mañana hincada
en la orilla del río.
De sus imperfecciones derivé
cristales inconclusos. De sus grietas,
excusas geológicas. Era una esquirla más
del Todo, pero daba a esa totalidad
un papel secundario.
                            Se exhibió tan concreto
que me obligó a eludir cualquier insinuación
de existencia sumada.
Se reunía en sí sobre mi palma,
en pedestal, severo. Su color
-una herrumbre muy bella, ya inmutable-
lo mantuvo cerrado a la tensión
del agua fragorosa y de los farallones,
como si no contasen.
El rumor de los pinos se desleía en torno.
Mi mano no era nada. Yo fui nadie.


                                     de “Corteza de abedul”. Tusquets, 2016