sábado, 23 de abril de 2016

DÍA DEL LIBRO

                                             Foto de un servidor


VALOR DE LA PALABRA
  
   PARECEN poca cosa, unas palabras escritas
casi por voluntad expresa de la divina
providencia que de tan generosa manera
premia el esfuerzo y la perseverancia
a ese tan fatigoso ministerio
que tú, aun sin tener obligación,
un día decidiste encomendarte.

Así, de cerca, 
son unos raros signos sin sentido
aparente; algo ahí dejado en la hoja
que con un cierto miedo empezaste a emborronar
sin tener la más mínima certeza
de conseguir lo que con tanto ahínco
has anhelado siempre: darles forma
a esas voces que a veces a borbotones vienen
y otras más son susurros inaudibles
que un despiste cualquiera
-el insistente vuelo de una mosca;
la apariencia variable de una nube
que de observarla tan profundamente
hipnotiza tu ser con sus lentas variaciones-
puede lograr que olvides.

Son garabatos sólo. Testigos de lo ingente
y de lo efímero:
                       hoy un hecho de interés nulo,
pero que a ti en lo más insondable de tu ser
consigue estremecerte, hace que des testimonio
de ese momento mágico en que un rayo de sol,
que con esmero ha estado iluminando
el escritorio donde ahora te encuentras, tus cosas,
esta tarde que inexorablemente declina,
deja de ser presencia física.
                                       Y así buscas
del modo más sencillo y que se entienda
sabiendo de antemano lo imposible
de en síntesis decir aquello que no es factible
de poder explicar de otra manera.

Entonces vas y escribes,
como si tu no fueras el que escribe,
unas palabras, versos, no sabes si un poema,
que aquí dejas, a merced de algún lector
que con su bien hacer lo reciba
                                           y suyo lo haga.