sábado, 22 de noviembre de 2014

ANTONIO CABRERA



LUGAR DE RUISEÑORES

Está junto a una fuente. No es secreto.        
Un barranco con zarzas, con aliagas,
con rosales silvestres, con adelfas.    
Es un espacio donde el tiempo esculpe        
un bronce vegetal exacto y limpio.   
A ese lugar retornan por abril
los ruiseñores, y abren de inmediato 
en la floresta su diálogo nocturno     
sobre intactas verdades misteriosas, 
en un idioma lleno de razones          
que son un raro compromiso y son   
al mismo tiempo hipnosis y soberbia.           

No he vuelto a ese lugar. Lo guardé un día  
en el firme paisaje de mi mente        
donde el cielo pensado está cubriendo         
la misma luz difícil, el prodigio        
de la fidelidad que lo impalpable     
a veces establece con lo grávido,      
con lo real, con lo que el aire mueve.

Allí también puedo escuchar el canto,          
la conjetura ardiente que medito.
                                         
                                      de “En la estación perpetua” Visor


UNA POÉTICA

EN las flores de jara
he visto que se esmeran,
bajo el foco
de mayo,
insectos diminutos
cuya obsesión
conmueve.

Yo me acerco a mirarlos,
con fijeza también,
y entonces
parece que libara,
de silogismos como estambres,
pequeñas conclusiones.

Esos escarabajos ínfimos
se cubren
de abstracción.

Y quedan en la luz
minucias
de mis razonamientos.

De luz y de abstracción
está rodeado
todo.
                                      
                                     de “Piedras al agua” Tusquets


lunes, 17 de noviembre de 2014

DOS POEMAS DE ADOLFO GONZÁLEZ


LUNA LLENA

Tras esta la inicial estrofa del poema,
el lector alzará la vista al cielo
y mirará a la luna unos segundos
antes de proseguir con la lectura.

Ya en la segunda estrofa,
verá la luna llena del poema.

De inmediato
alzará la vista nuevamente
con la última estrofa:
acabará leyendo
la brillante palabra
del cielo.




¡CÚANTO TIEMPO!

Fue pasar del primer verso
al segundo
y ser otro
siendo el mismo.
                         Llevo siglos
por detrás de estas palabras
con el cuco que me sale de la boca y canta
ahora.

martes, 4 de noviembre de 2014

RECOGIMIENTO



      NO hay nada tan cercano a la dicha verdadera
como cuando, por simple aburrimiento
o por sobrevenida decisión,
se hace del ensimismamiento un arte:
la forma de adentrarse en uno mismo;
el dejarse arrastrar a los confines
de lo profundo y lo desconocido.
Es lo más parecido a ser el ser
que en realidad ya somos.

Es un estado casi espiritual
donde lo físico desaparece
y otras leyes no escritas son las que nos gobiernan
y hacen de nuestro cuerpo un alguien muy diferente;
con otros modos de entender las cosas;
con un mirar distinto, irracional,
ilógico y, en cambio, verosímil.

No dura demasiado ese delirio;
tal vez sólo un instante. Incluso así es suficiente;
sobra para plasmar algún verso en un papel;
en el recogimiento de uno mismo:
su propia luz, su mundo.