sábado, 23 de agosto de 2014

PALMERAL

   ESTA idílica imagen que mis ojos
en este justo instante están mirando
no es de un suelo extranjero o de un planeta
por descubrir. La imagen
en la que mis cansados ojos mora
es la de un palmeral
frondoso, en medio de un lugar secreto.
Estrictamente hablando es una mancha
verde en una isla irregular y estable.
Mi vista, agradecida,
por el inesperado bien donado,
aún no repuesta del desequilibrante impacto,
intenta abrir de par en par el mundo.
Se extasía siguiendo el mar de nubes
que al unísono se hacen agua pura.
Mira el verde, el marrón, la blancura de las casas.
Disfruta de las sombras que la tarde
va estirando. Se queda retenida
en las tonalidades imposibles.
Y tanto es lo que beben mis sentidos,
en esta tarde calma, que mi ser
queda saciado, satisfecho, pleno.
Cuando el sol se hace rojo y el crepúsculo
me indica la partida, en una loma
alta, yéndome ya, me giro, y noto
haber sido testigo de un prodigio:
dejar grabado en la memoria innata
el sereno pasar de un caminante
por una tierra extrañamente fértil.
Algo entrada la noche, finalmente,
y ya lejos de todos los caminos,
no puedo más que dibujar con versos
lo que mi ser vivió;
                           y dejo escrito
aquí, o en la memoria permanente,
la línea de unos versos
que han de ser prueba clara de mi paso,
efímero, fugaz,
                     por esta tierra.


jueves, 7 de agosto de 2014

POEMAS DE ANTONIO MORENO


CONTRA LAS HORAS

I

AL caminar concierto la armonía,
la proporción exacta de la esfera.
Escucho en los sembrados
el paso inadvertido de la tarde
acompasado al mío.
                            Me detengo
despacioso a mirar en torno, y pienso
en el saber fugaz y desprendido
de este momento, frente a los saberes
que otros dejaron en sus páginas.
¿Quién pretende fijar contra las horas
su certeza de nada?
¿Qué puede una quietud
frente al cambio incesante de este cielo?


II

AHORA que el tamaño del futuro
palidece, menguados los proyectos
y el falaz horizonte,
                            atalayado
en este punto de mi vida veo
con claridad certera la región
de tantos otros y sus viejas sendas.
Aquí los setos y el paisaje buscan
ser tan sólo un paisaje y unos setos:
el monte diluido tras las ramas
y la luz de la tarde sobre el muro.
En sucesión desde el pasado llegan
hasta aquí los engaños y sus ruinas,
aquellos vaticinios confundidos.
¿Qué cabría esperar para otro tiempo
sino este mismo instante?
                                     Nada busques
más allá que tu sombra sobre el muro,
sobre el muro y el seto de la tarde.
                                       
        de “Solar antiguo”, reunido en “Intervalo”, Editorial Comares



PÁRVULOS

EL patio de María Auxiliadora,
con sus arcos de medio punto y su orden
cerrado, como claustro de la infancia,
los cuentos de Offenbach, la alta palmera
en el rincón, aquellos azulejos
y la imagen risueña de la Virgen
que nos miraba con su niño en brazos.
La sombra en la capilla, los castigos
en el desván oscuro, la amenaza,
aquel miedo a escribir, aquel empeño
por no salir del trazo de palotes
y mi dibujo repetido, un faro
con su destello abriéndose en la noche,
y el alivio, por fin, de la salida,
mi madre bajo el sol, que me salvaba.

Restos sin ilación, esquirlas sueltas
de un cristal hecho añicos para siempre.
Qué claro veo ahora en mis palabras,
en todo cuanto he escrito, el mismo empeño,
aquel dibujo mío candoroso:
sentir la luz en medio de la noche.

          de “Metafísicas”, reunido en “Intervalo”, Editorial Comares



CASTAÑO

¿ES locura —o bien juicio recobrado—
detener el andar, pararse en medio
de la acera del día para hablarle
al árbol retoñado que se encuentra
delante de nosotros? Para hablarle
muy de cerca aunque mudos y por dentro,
sin musitar palabra, pero hablarle
como lo haríamos ante el amigo
bueno con quien estamos siempre a gusto.

Yo me detengo a veces de este modo.

Me pongo en un rincón, junto al lugar
que ya se había transformado en casa,
en seguro recinto de la vida,
y oigo el temblor de todas esas hojas
como un pueblo con una sola lengua;
escucho el agua de ese movimiento
que es libertad al tiempo que destino,
y en su verdor iluminado aprendo
a ser mejor y más el ser que quiero.

              de “Nombres del árbol”, Tusquets



UNA PIEDRA

COGE una piedra de un lugar querido.
Mientras caminas, llévala en la mano
como quien va cogido de otra mano,
porque es ella también la que te lleva.

Explora su relieve entre tus dedos,
cómo transmite su frescor umbrío
y su pequeña fuerza ahí, en tu palma.

No tiene más edad que tú esta piedra,
ni más ni menos ser que el tuyo ahora.
Siempre estuvo esperando a que pasaras:
para marchar contigo, y tú con ella.

                    de “El caudal”, Rialp.