lunes, 16 de junio de 2014

POEMA

Fotografía de Jane Hambleton



   EN esta extraña tarde calurosa,
sin noticias, ni nada a destacar,
me entretengo mirando
la línea que define el horizonte.
El excesivo sol de este verano
envuelve en una niebla protectora
la visión sofocante de la playa.
Mi vista encuentra la fugaz silueta
de una barca de vela.
                               Poco queda
ya de esta tarde vencida, tan vulgar.
Cierro los ojos, todo es un murmullo
repetitivo, como un mantra permanente,
como si el mar quisiera hipnotizarnos,
convencernos de la necesidad
de entrar en sus fronteras. Yo me dejo
arrastrar por la fuerza de las olas,
por su llamada repetida.

Pero antes de que el mar
me hechice con su fuerza seductora,
sabiendo que la tarde ya está echada,
que el sol se está apagando,
aunque la arena aún caliente siga,
busco un papel, un lápiz,
y me propongo dibujar con versos
lo que esta tarde fue, aburrida,
trivial, nada del otro mundo
y, aunque no sé por qué,
distinta a las demás, llena de magia.