sábado, 23 de agosto de 2014

PALMERAL

   ESTA idílica imagen que mis ojos
en este justo instante están mirando
no es de un suelo extranjero o de un planeta
por descubrir. La imagen
en la que mis cansados ojos mora
es la de un palmeral
frondoso, en medio de un lugar secreto.
Estrictamente hablando es una mancha
verde en una isla irregular y estable.
Mi vista, agradecida,
por el inesperado bien donado,
aún no repuesta del desequilibrante impacto,
intenta abrir de par en par el mundo.
Se extasía siguiendo el mar de nubes
que al unísono se hacen agua pura.
Mira el verde, el marrón, la blancura de las casas.
Disfruta de las sombras que la tarde
va estirando. Se queda retenida
en las tonalidades imposibles.
Y tanto es lo que beben mis sentidos,
en esta tarde calma, que mi ser
queda saciado, satisfecho, pleno.
Cuando el sol se hace rojo y el crepúsculo
me indica la partida, en una loma
alta, yéndome ya, me giro, y noto
haber sido testigo de un prodigio:
dejar grabado en la memoria innata
el sereno pasar de un caminante
por una tierra extrañamente fértil.
Algo entrada la noche, finalmente,
y ya lejos de todos los caminos,
no puedo más que dibujar con versos
lo que mi ser vivió;
                           y dejo escrito
aquí, o en la memoria permanente,
la línea de unos versos
que han de ser prueba clara de mi paso,
efímero, fugaz,
                     por esta tierra.


5 comentarios:

José Antonio Fernández dijo...

Este poema ha ido creciendo con el recuerdo de una visita al pueblo de Haría de Lanzarote.

Micaela dijo...

Muy hermoso el poema y el lugar. Yo también lo recuerdo en mi visita a Lanzarote hace unos años. Un fuerte abrazo.

José Antonio Fernández dijo...

Así es Micaela. El pueblo de Haría es un lugar donde sería estupendo pasar una larga temporada. Toda la isla en sí es preciosa.
Un abrazo fuerte.

SUSANA BENET dijo...

Un poema que impresiona. Besos

José Antonio Fernández dijo...

Muchas gracias Susana.
Un abrazo.